La casa de Montejo se construyó en el siglo XVI, siendo el único ejemplar de casa civil de estilo renacentista y plateresco en México. En 1526 se le entregó a don Francisco de Montejo, “el viejo” por parte de la corona española una capitulación y privilegio exclusivamente para la conquista de Yucatán. Gracias a los servicios que prestó a la corona, se le concedió el título y la oficia a perpetuidad a Francisco de Montejo, “el adelantado”.

La ciudad de T´Hó resultó ser la ideal para Francisco de Montejo, “el mozo” para fundar Mérida el 6 de enero de 1542 sobre los vestigios antiguos mayas de Ichcaanzihó que su significado es “5 cerros”. Nombraron al lugar “Mérida” porque a los conquistadores les recordó mucho a la ciudad española del mismo nombre por la grandeza y extrañeza de los edificios.

En el centro se construyó la plaza mayor (plaza grande) con 4 lados y en la parte sur se reservó para la vivienda de su padre. Se dice que la casa de los Montejo se comenzó a edificar inmediatamente luego de la fundación de Mérida entre 1543 y 1549, ya que la única fecha conocida está en la inscripción grabada en piedra en el remate de la fachada entre 2 leones y se lee: “Esta obra la mandó hacer el adelantado, donde Francisco de Montejo año de MDXLIX”.

Don Francisco padre (el adelantado) buscaba vivir tranquilamente, sin embargo, no disfrutó de la casa en sus últimos años de vida, ya que se vio obligado a dejar Mérida para enfrentar el juicio de la residencia, pero pudo ver a los indígenas tallando sobre rocas prehispánicas la fachada con el escudo de su familia, en medio de símbolos que mostraba escenas de la conquista española. La casa de Montejo fue un punto de reunión social luego de conquistar Yucatán, considerada una joya arquitectónica del siglo XVI.

La casa ha sufrido muchas modificaciones con el paso del tiempo, de acuerdo a los gustos de sus diferentes propietarios y a la moda arquitectónica y decorativa en su más de 400 años de existencia. La familia Montejo logró conservar el edificio, el mozo heredó la casa en 1560 después de la muerta de doña Beatriz de Herrera, esposa de su padre. Habitó la casa el resto de sus días y tuvo acercamiento con la caridad cristiana, el amor y la bondad.

Su esposa y viuda, hereda la casa y se fue heredando a sus hijos durante varias generaciones hasta 1832. Don Simón Peón y Peón compró la casa en 1840 y se dieron inicio a la transformación del inmueble. Se construye un balcón en 1885 la cual no estaba en 1834, y a ésta se le agregó un corredor al lado poniente del patio principal, se acondicionó un comedor cercano a la cocina y se agregaron áreas habitacionales.

A finales del siglo XIX tuvo otra remodelación tanto en exterior e interior. La casa en aquel entonces la vivía la viuda de Simón Peón luego de morir en 1869, María Jesús Peón, y luego la heredó a su hijo José María Peón Losa. En 1896 la fachada tenía ventanas con cariátides de figuras de indias e indios que llevaban en las manos coronas y palmas de laurel. Las esculturas y las ornamentaciones se elaboraron en los talleres de la fábrica de piedra artificial del señor don Felipe Ibarra Irtoll. Las obras las dirigió el ingeniero Manuel Arrigunaga y Gutiérrez, esposo de la heredera del inmueble, doña Eduviges Peón y Peón quien la heredó en 1914.

Manuel sustituyó los balcones y subió el piso a 60 cms, ocultó las columnas transformándolas en pilastras y puso pisos nuevos de mármol. Se mandó a edificar una escalera cerca del zaguán, se añadieron baños en las habitaciones y se renovó la antigua carpintería la cual obtuvo un aspecto neoclásico a las puertas. Se adornaron algunas piezas con lambrines de madera, plafones y papel tapiz.

La casa comenzó a tener un aspecto a una residencia de fines del siglo XIX con mobiliario ecléctico, a excepción de la fachada principal, con una combinación de varios estilos de la segunda mitad de esa época con arte barroco con detalles renacentistas, con influencias indígenas y del estilo gótico.  La fachada de la entrada principal es la única que se mantiene en su forma original, en la parte superior de la entrada se puede observar el escudo de armas de los Montejo y 2 guerreros españoles vigilantes que descansan sobre las cabezas de indios derrotados.

En 1981 el Banco Nacional de México (Banamex) adquirió la casa y le realizó una restauración. Tuvo de nueva cuenta otra remodelación y adecuación para albergar el museo que se efectuó por el área de inmuebles del banco de 2007 al 2010. En diciembre del último año mencionado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) transformó la propiedad en la casa de cultura y del museo donde están exhibidos objetos y muebles del siglo XIX y principios del siglo XX pertenecientes a los Montejo, la cual se puede visitar gratuitamente.

La casa de Montejo se localiza en la calle 63 entre los cruzamientos de las calles 60 y 62 en el primer cuadro de la ciudad, el corazón de Mérida enfrente de la plaza grande.