Además de las casonas que están en la emblemática avenida Paseo de Montejo, hay más edificaciones que pertenecen a la historia de la ciudad blanca.

– Casa de la Cultura Jurídica –

De diseño afrancesado con detalles decorativos, se ubica en la calle 59 x 52 y 54 del centro, se construyó aproximadamente en 1915 por el arquitecto yucateco Manuel Amábilis (quien proyectó el Monumento a la Patria y estuvo a cargo en la construcción del Parque de Las Américas) conocida como la Casa Amábilis de acuerdo con una placa de piedra que se encuentra en el desplante de la finca. En su interior tiene un jardín pequeño con una fuente al centro. Los meridenses se suelen referirse a ella como “La Casa de Pastel” por su característico color azul y los decorados en su fachada. En la actualidad es sede de la Casa de la Cultura Jurídica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

– Casa Morisca –

Una de las casonas que más atrapan la atención de los transeúntes por su peculiar estilo es la Casa Morisca, ubicada en la calle 51 x 56 del centro, a 2 esquinas de Paseo de Montejo. Su historia hasta la fecha sigue siendo un misterio, se tiene conocimiento que fue construida por inmigrantes españoles alrededor de 1909. Su nombre lo recibió por su evidente estilo morisco afrancesado que probablemente, los dueños invadidos por la nostalgia andaluz, plasmaron su sentir en el estilo arquitectónico de la casona. La gente comenta que en su momento funcionó como carpintería, oficinas y hasta un hotel. Si se contempla con detenimiento, recuerda a una lámpara y hasta la película de “Aladdín”.

– Casa Mier y Terán-Lejeune –

La mansión de estilo ecléctico data de principios del siglo XIX, considerada patrimonio y monumento arquitectónico de la ciudad. Se localiza en la primera cuadra de la avenida Paseo de Montejo entre los cruzamientos de las calles 45 y 47. Los propietarios del inmueble fueron Manuel José, Joaquín Enrique y Bernardo Plinio Mier y Terán Lejeune. El 7 de diciembre de 1981, una inmobiliaria adquirió la propiedad. Actualmente es la boutique “Casa T’hō”.

– Casa Vales –

La Casa Vales es otra de las residencias que existen hasta el día de hoy, situada en Paseo de Montejo entre la calle 35 y la avenida Pérez Ponce. De estilo neoclásico y columnas en orden dórico, fue edificada por Fernando Rendón en 1905 y concluida en el año de 1908. En 1914, Fernando la vendió al Sr. Vales, quien posteriormente se la dio a su hijo, Carlos Vales, por contraer nupcias con Rosa María Cámara. Hasta en la década de los 90´s, la casona fue adquirida por un banco (Santander) que la restauró, además la adecuaron y construyeron un segundo edificio con acceso en la calle 56.

– El Pinar –

Localizada sobre la calle 60 con avenida Colón y siguiendo la tendencia del renacimiento francés, la Casa Pinar fue construida en 1915 en pleno auge del oro verde en Yucatán. A inicios del siglo XX, la casona se conectaba para dirigirse al pueblo de Itzimná. La residencia perteneció a Humberto Peón, estuvo abandonada por un tiempo hasta que la adquirió Alberto Bulnes Guedea, quien la restauró y años después vendió el inmueble a José Trinidad Molina Castellanos, cuya esposa la habitaba hasta hace poco. Considerada una de las mansiones más emblemáticas de aquella época y de las pocas que permanecen prácticamente intacta a pesar de tantos años que han transcurrido.

– Casa Faller –

Esta casa se localiza en una de los barrios más emblemáticos de Mérida: Itzimná. Se distingue por su elegancia y belleza, motivo por la cual es el sitio ideal para realizar eventos con sus amplios espacios y hermosos detalles decorativos en sus rincones. Sus arcos en la entrada. Su fachada rocosa y el espléndido equilibrio con su jardín bien cuidado, embellecen la casona.

– Casa “La 500” –

En la calle 19 entre la avenida Líbano de la Colonia México, está la Casa “La 500” mejor conocida por los vecinos de la zona como la Casa China por su estilo chinesco. Según las historias que se narran, era la residencia de una mujer hermosa apodada “La 500”, ya que se dedicaba a acompañar a hombres por esa cantidad de dinero, quinientos pesos. Tenía un grupo de mujeres que vestían llamativamente y se dirigían a un conocido café de la ciudad en un convertible rojo para que realizaron sus labores. Con las ganancias, mandó a construir la casa. Otras versiones dicen que fue amante por muchos años de un hombre japonés con alto poder adquisitivo, y éste le regaló la residencia a la fémina. Cabe recalcar que ambas versiones son leyendas urbanas que comenzaron como rumores. Incluso, la casona está dentro de los recorridos turísticos.