Su nombre proviene de las palabras mayas “chi” (boca), “che´en” (pozo), “itz” (mago o brujo) y “há” (agua), así que su traducción es “la boca del pozo de los brujos del agua” haciendo referencia al cenote sagrado Xtoloc, pozo natural que los mayas consideraban una de las entradas principales de Xibalbá al inframundo.

Cuando los guerreros toltecas de Tula llegaron a la zona del Yucatán, encontraron a los mayas, un pueblo muy culto pero poco preparado para la lucha, por lo que les ocuparon sin demasiada resistencia. Pronto, su dios principal Quetzalcóatl fue asumido por los mayas, que le llamaron Kukulcán.

Desde el 2007 es considerada como una de las siete maravillas del mundo moderno con 7 millones de votos alrededor del mundo.

El templo tiene 4 escalinatas con 91 escalones cada una, si se suman da un total de 364 y si se suma la plataforma superior son 365. Cada escalón representa los días del “Haab”, calendario maya que concuerda a la perfección con el calendario actual que hoy en día se usa.

Chichén Itzá recibe más de un millón de turistas cada año, convirtiéndola en la segunda zona arqueológica más visitada de México, después de Teotihuacán.

Entre las varias zonas construidas está el Juego de Pelota, que tenía un significado cósmico, con símbolos bélicos y acústica casi perfecta. Al parecer una de las construcciones más antiguas del lugar. Además, es el más grande Mesoamérica con 70 metros de ancho y 169 de largo. La idea es meter una pelota de caucho por el aro que está en lo alto del muro, usando codos, rodillas y cara. Esto con connotaciones rituales y religiosas.

El juego de pelota no era sólo un juego, sino un ritual en el que la pelota representaba al sol y los aros del juego, a los sucesos por los que habrá de atravesar la humanidad. El juego terminaba si uno de los jugadores metía la pelota por uno de los aros, pues se entendía que los dioses habían determinado sus designios. Así, se cree que todo el equipo ganador era sacrificado.

Cabe destacar que, para las culturas nativas, el sacrificio era un auténtico honor pues veían a la vida como un sueño y a la muerte como un despertar de éste. Por eso, ser sacrificado significaba literalmente tener la dicha de poder presentarse ante los dioses y despertar de este sueño para por fin vivir en eterna armonía.

Chichén Itzá tiene un efecto acústico que fue descubierto por casualidad. A finales del siglo XX, cuando el turismo en la zona incrementó, los guías de turistas se dieron cuenta que, si una persona aplaude de forma frontal a la escalinata, el sonido del aplauso se propaga hacia el peralte de los escalones y rebota en forma de eco distorsionado, o sea, que se escucha diferente al aplauso, con lo que se escucha un chirrido muy similar al canto de un quetzal.

Equipos de investigación han encontrado en el fondo del cenote sagrado objetos ceremoniales, huesos de animales y restos óseos pertenecientes a personas cuyas edades van desde los 3 a 55 años.

Dos veces al año puede apreciarse un fenómeno astronómico muy peculiar en Chichen Itzá, el solsticio de verano y el de invierno, en los que el sol se refleja a través de las ventanas del observatorio. En invierno el sol llega a su máxima posición sur y en verano su máxima posición norte.

En la parte más alta del templo de los guerreros hay una mesa, sostenida por estatuas de pequeños duendecillos, conocidos como aluxes. Todo apunta a que aquí se realizaban sacrificios a los dioses. Por los orificios corría la sangre hasta llegar al cenote sagrado. Actualmente, los turistas no pueden visitar esta área.