Comer es uno de los mayores placeres que tenemos, degustar deliciosos alimentos, postres y bebidas que calman nuestra hambre y “pooch” (antojo en maya). La gastronómica yucateca cumple con lo anterior mencionado, desde la emblemática cochinita pibil, queso relleno, panuchos, salbutes, relleno negro, marquesitas, pasta de guayaba, dulce de nance, papaya, agua de chaya, lima, pitahaya, guanábana, por mencionar tan solo algunos de los ricos alimentos que deleitan nuestro paladar. Sin embargo, ¿sabes lo que comían los mayas?

Yucatán no solo es rico en cultura, arquitectura e historia, culinariamente posee una gran variedad de deliciosos platillos. Cuando la cultura maya resplandecía en todo su esplendor, una gran mayoría mayas eran agricultores, cultivaban verduras y frutas para su consumo, los vendían o realizaban trueques a cambio de otros productos. De acuerdo con el Popol Vuh, los dioses crearon a la humanidad a su imagen y semejanza para que éstos les rindieran culto.

A pesar de varios intentos fallidos, pudieron lograr su cometido cuando crearon a las primeras personas al usar los granos del ixi´im (maíz en maya), por esta razón el maíz era la base de su alimentación. Además, adoraban a Yum Kaax, dios de la agricultura y el maíz. Se cree que los mayas basaban su alimentación en las tortillas porque realizaban el proceso prehispánico de la nixtamalización.

Otro tipo de grano que consumían era el bu´ul (frijol en maya) que aplastaban y untaban en las tortillas que degustaban a manera de tacos o en los tamales que envolvían en hojas de maxán. Con el paso del tiempo agregarían a su dieta frutas y vegetales como la guayaba, calabaza, papaya y aguacate. Del mismo modo, ingerían el chaay (chaya en maya) acompañada de calabaza y maíz para la elaboración de los primeros tamales.

Los antepasados no comían mucha carne porque este alimento, la consumían, pero no frecuentemente como solemos hacerlo en estos tiempos. En un principio aprendieron a domesticar animales salvajes tras cazarlos para posteriormente consumirlos como los pavos, pájaros, venados, conejos, armadillos, monos, etc. Incluso, cocinaban maricos como la langosta, camarón y pescado. Cuando los españoles llegaron a tierras yucatecas, introdujeron la carne de cerdo, ganado y pollo que se combinarían con las recetas prehispánicas. Para sazonar sus comidas, usaban vainilla, cacao, miel y una variedad de picantes.

La alimentación de los indígenas dependía de la clase social y económica a la que pertenecían, es decir, no todos los mayas tenían la misma dieta. Por ejemplo, el cacao (kakaw en maya) era una semilla que solamente podían consumirla los altos mandos al ser muy cara. Del cacao se podían preparar bebidas que se ofrecían a las deidades en sus ceremonias y eventos relevantes como el nacimiento, el paso hacia la pubertad, los ritos funerarios y en los enlaces matrimoniales. En los matrimonios, los padres de la futura esposa daban de beber chocolate a su futuro yerno y a sus progenitores porque simbolizaba la prosperidad. Cabe destacar que el chocolate no era dulce, sino picoso ya que le agregaban chile habanero. De hecho, Fray Diego de Landa en su obra “Relación de las Cosas de Yucatán” menciona que, en los bautizos, los mayas bebían cacao y de éste preparaban una especie de manteca.

“Que hacen del maíz y cacao molido una manera de espuma muy sabrosa con que celebran sus fiestas y que sacan del cacao una grasa que parece mantequilla y que de esto y del maíz hacen otra bebida sabrosa y estimada “.

Otros líquidos que tomaban durante las ceremonias era el balché, un licor fermentado que se prepara de las raíces y cortezas del árbol del mismo nombre de la bebida combinadas con agua y miel, siendo una especie de hidromiel. Por su parte, el sakab que de igual manera se ofrecía en las ceremonias, se elaborara con maíz y se endulzaba con miel.

En resumidas cuentas, la dieta de los mayas era rico en vitaminas y proteínas, se alimentaban sanamente y quizá gracias a su alimentación, les permitió realizar sus actividades cotidianas y en construir las majestuosas zonas arqueológicas con las que cuenta Yucatán.