Con tan solo caminar por las calles del Centro Histórico de Mérida te enamorarás de la belleza de la capital yucateca al apreciar sus construcciones coloniales, pero la que más destaca por su imponente presencia es la Catedral de San Ildefonso, la cual fue la primera iglesia en su tipo en ser construida en América Latina entre 1562 y 1598 por órdenes del Rey Felipe II y bajo la aprobación del Papa Pío IV. La labor de levantamiento corrió a cargo de Pedro de Aleustia y contemplados por Juan Miguel de Agüero junto con su colaborador, Gregorio de la Torre.

Si en tu visita al Corazón de Mérida has ingresado y recorrido este majestuoso inmueble, seguramente lo que te llamó la atención inmediatamente fue la figura gigantesca de un Cristo situado en el altar mayor, conocido como “El Cristo de la Unidad” y considerado el Jesucristo crucificado de madera más grande del mundo bajo un techo, obra del escultor madrileño José Ramón Lapayese del Río, que reemplazó al antiguo retablo que alguna vez existió y que fue destrozado en 1915 a causa de los movimientos sociales que se vivían en aquellos tiempos.

¿Te has preguntado el cuánto mide esta figura? ¿Desde cuándo está en la Catedral de Mérida? Éstas y muchas otras preguntas se hacen los yucatecos y turistas que han tenido la oportunidad de contemplarlo.

Con base en información recopilada por “Yucatán Pasado Glorioso” y del colaborador e historiador de la Catedral, Ángel Gutiérrez Romero, este titánico Cristo ubicado en el presbiterio representa la herencia que el II Arzobispo y Monseñor, Fernando Ruiz Solórzano, nacido en Pátzcuaro, Michoacán, (que se referían a él como Arzobispo de la Unidad desde mucho antes del arribo del Cristo debido a sus buenas relaciones con personas sociales y políticas al ser un hombre culto) añoraba dejar al Estado.

  • El saqueo, restauración de la Catedral y el origen del Cristo de la Unidad

Los orígenes del Cristo de la Unidad se remontan muchísimo antes de los antecedentes antecedente históricos de las reformas del Concilio Vaticano II, que trajo consigo cambios importantísimos. Por mencionar uno, antes las misas se oficiaban en lengua latín y luego de esto comenzaron a darse en lenguas vernáculas.

Retrocediendo al pasado, el 24 de septiembre de 1915 y durante el Gobierno del General Salvador Alvarado, un grupo de protestantes derribaron la puerta de la Catedral de Mérida sobre la calle 61, al ingresar a las inmediaciones saquearon y destruyeron tesoros y obras del acervo de arte sacro como el órgano Walcker fabricado en Alemania en 1902. Además, el interior quedó hecho añicos, incluyendo al retablo originario del siglo XVIII (siendo el segundo retablo en la historia de la Catedral e instalado en 1762, pues el primero se terminó en 1599 y se sustituyó por el anterior mencionado) donde años más tarde se instalaría la figura del Cristo de la Unidad.

Más tarde, se instaló temporalmente un retablo prestado con el propósito de ocupar el espacio del predecesor retablo destruido. Después de celebrarse un congreso eucarístico, se construyó un pequeño baldaquino. El I Arzobispo de Yucatán, Martín Tritschler y Córdova, inició las labores de restauración de la Catedral en la década de los años cuarenta al fabricarse algunos retablos que, en estos días, solamente se conservan dos.

Posteriormente, en 1960 Fernando Ruiz Solórzano se interesó en realizar lo mismo que su antecesor. Le encargó al aquel canónigo Fernando María Ávila y Álvarez que realizara un gran lienzo de pared, colaborando en conjunto con el Arq. Enrique Manero Peón. Anteriormente, hubo la intención de llevar a cabo un proyecto similar, pero no se concretó.

  • La idea y construcción del Cristo de la Unidad

No obstante, a Fernando Ruiz Solórzano se le ocurrió la idea de mandar a fabricar un Cristo Colosal de metal o madera para mostrar el amor que le tenía a Jesucristo, luego de dejar de escribir una biografía del hijo de Dios que titularía “Miradas de Cristo” que iba a ser su “gran proyecto de vida” y que abandonó por su avanzada edad.

Cabe destacar que Fernando Ruiz admiraba la cultura y el arte español, con el tiempo se encontró con las obras de José Ramón Lapayese del Río. Tras viajar a España, le encargó a Lapayese la construcción del Cristo de la Unidad que comenzó a construirse en 1965 y que, con base en el archivo diocesano, se fabricó en los talleres del artista en Madrid en la que trabajaron 35 carpinteros españoles. Una vez finalizado, se trasladó por partes mediante varias embarcaciones que arribaron a Progreso y trasladadas a Mérida para ser ensambladas (si aprecias detenidamente el Cristo, no tiene clavos). El prestigiado artista madrileño dirigió de manera presencial su instalación. La cruz de madera se elaboró en territorio yucateco por artesanos yucatecos con maderas de Campeche y bajo la supervisión de la empresa Negociación Mercantil S.A.

  • Sus dimensiones

Fernando Ruiz se encargó de bendecir la imagen de madera de abedul que mide más 7.65 metros de alto, en una misa que se realizó el 10 de octubre de 1967. En esa misma ceremonia religiosa, el Monseñor y futuro III Arzobispo Manuel Castro Ruiz, quien en esos entonces era Obispo Auxiliar, hizo lo propio al bendecir el crucifijo de ébano de 12 metros de altura. En total, sus dimensiones dan un total de 14.50 metros de alto y 12.30 metros de ancho.

El propósito de la obra era unificar a la iglesia y a la sociedad, ya que cuando Fernando llegó a Yucatán visualizó la división entre la iglesia y la sociedad por lo ocurrido en 1915, situación que le preocupó demasiado. El motivo del nombre de “Cristo de la Unidad” buscaba que se reconciliaran ambas partes.

En pleno siglo XXI, el Cristo de la Unidad permanece en la Catedral de San Ildefonso, siendo ya un ícono en la historia de Mérida. Los feligreses que asisten a las diferentes misas que se realizan en la iglesia, lo aprecian, le oran y le muestran su fervor por su significado. Si no has tenido la dicha de verlo en persona, te adelantamos que te sorprenderás y sentirás una paz y tranquilidad interior.

¿Conoces el Cristo de la Unidad de la Catedral de San Ildefonso?