A 30 kms de Mérida y ubicada en el municipio de Tixkokob, los terrenos que hoy en día ocupa la Hacienda San Antonio Millet que data de 1667 se le llamaba “Mul Chac” por los mayas en la época prehispánica, que traducido al español significa “Cerro Rojo” por derivarse de los vocablos mayas “muul” (cerro) y “chak (rojo)”. Como pasó con las demás fincas, ésta funcionó como una estancia ganadera y posteriormente produciría y comercializaría el oro verde yucateco que dejó una derrama económica importante en el Estado, el henequén. Su nombre alude al sacerdote y franciscano portugués Antonio de Padua, mientras que Millet es el apellido del dueño original del inmueble.

Adentrándonos en la historia de San Antonio Millet, a finales del siglo XIX la finca le perteneció a la Condesa de Miraflores quien la nombró como “San Antonio Peón”. Se remodelarían las 2 edificaciones principales de la hacienda y se edificaría la Capilla a inicios del siglo XX para que albergara al Santo Patrono de la hacienda, San Antonio de Padua. Hasta la fecha conserva muebles originales, pero los que destacan son el confesionario y el púlpito con su tornavoz. Al usarse materia prima de origen francés, la propiedad adquirió un estilo medieval y renacentista que caracterizaban a las construcciones europeas, dándole un estilo único y llamativo.

Rodeada de árboles frondosos, vegetación y senderos, la hacienda San Antonio Millet alberga un sinfín de historias de aquellos años henequeneros que puso en el mapa a Yucatán gracias a su exportación del agave a diferentes rincones del mundo.

En el nuevo milenio, sus dueños se enfocaron en recuperar el tiempo sellado en los muros de la emblemática construcción. Las labores de rescate se planearon de manera cuidadosa y dio como resultado que el lugar irradiara esplendor que actualmente se puede apreciar en los espacios de Santo Antonio Millet. Por mencionar algunos son “La Escuelita” y como su nomenclatura ya lo deja entrever, dicho edificio fungió antiguamente como un colegio, el cual ahora cuenta con una habitación situada enfrente a una alberca y con vista hacia el “Jardín Francés” y a la “Casa Principal” donde residieron los Condes de Miraflores. A un lado de dicha residencia se localiza la “Casa de Máquinas” que desfibró henequén hasta la década de los años ochenta del siglo pasado.

En la actualidad el patrimonio henequenero está habilitada como un hotel que recibe a turistas nacionales y extranjeros que pueden descansar y relajarse en sus habitaciones amuebladas y con sus respectivas hamacas tradiciones para quienes deseen tener un descanso yucateco, o bien, disfrutar de la exquisita y típica gastronomía yucateca que preparan en este sitio. Por su parte, la Capilla ha sido testigo de múltiples celebraciones de toda índole que quedaron grabados en las mentes y corazones de los asistentes.