El Ek Chapat es una criatura horripilante que pertenece a la mitología maya. Su nombre significa “el ciempiés negro” por derivarse de los vocablos mayas “éek´” (negro) y “chapáat” (ciempiés) popularmente conocido como “El Señor Escolopendra”. De acuerdo con los relatos, es un gigantesco ciempiés de 7 cabezas humanas y como su nomenclatura ya lo deja entrever, tiene 100 patas. Este monstruo merodea en el inframundo maya y en las profundidades de la maleza.

Cuando los antiguos caminaban en el monte, temían que se les apareciera el Ek Chapat. Si se les aparecía, éste les podía perdonar la vida si adivinaban un acertijo. Si el infortunado respondía bien, el ciempiés negro le condecía 3 deseos o le brindaba de sus extraordinarios dones como poder comunicarse con las plantas y piedras, o que se transformara en diferentes animales. Por el contrario, si no descifraban la adivinanza, los engullía. Cabe recalcar que este ser era antropófago, los humanos eran sus víctimas favoritas. Prefería devorar a los hombres, ya que las mujeres tenían un sabor muy dulce.

Durante muchos siglos, los ancestros afirmaban ver huesos y cráneos en los sacbés (caminos blancos) de la selva maya. Una de las versiones acerca del Ek Chapat es que era centinela del horrible sitio que servía de guarida del tenebroso gigante llamado Hua Hua Pach. El Ek Chapat al dormir mantenía los ojos abiertos y cuando estaba despierto los tenía cerrados.

Según una leyenda, solamente un hombre pudo resolver el acertijo y fue con la ayuda de un dios maya. Este individuo que se llamaba Corazón Turbulento, residía muy cerca del pueblo conocido actualmente como Valladolid. Un día decidió dar una caminata en la maleza, de repente se le apreció el Ek Chapat.

Luego del susto que sufrió y tras calmarse, el ciempiés negro le recitó un acertijo imposible de resolver. Con la ayuda de una deidad maya, el hombre le dio la respuesta correcta. El Ek Chapat que estaba acostumbrado en siempre ganar, se sorprendió de que el humano haya resuelto su acertijo.  Entonces, la criatura le otorgó los mismos dones que poseía para que fuera otro centinela de la selva.

No obstante, el hombre no quería matar a las personas ni mucho menos devorarlos. Ambas criaturas sostuvieron un combate a muerte, siendo Ek Chapat el perdedor. Todos los caminos del Mayab quedaron completamente libres, los hombres comenzaron a caminar en el monte sin ninguna preocupación de que fueran devorados por el ciempiés negro.