Una de las formas de comunicación de los mayas era la escritura, considerada como una de las más complicadas de acuerdo con las opiniones de investigadores. Los glifos pertenecían a este método escrito, se pueden observar plasmados en códices, paredes, artefactos cerámicos y en los tallados de madera y piedra. Los frailes al llegar a Yucatán, aprendieron un poco sobre el sistema escrito, mucho de los documentos históricos fueron quemados por orden de Fray Diego de Landa quien, arrepentido, trató de enmendar su error al escribir “Relación de las Cosas de Yucatán”, en este libro hay un apartado llamado “alfabeto maya” que sirvió como referencia para descifrar los manuscritos mayas. Una persona pudo comprender los dibujos mayas, sin importar la barrera del idioma, esto no fue impedimento para que Yuri Valentinovich Knórosov descifrara el significado de los textos prehispánicos.

Perteneciente de una familia de intelectuales, fue un mayista, epigrafista, etnólogo y lingüista, tuvo un importantísimo peso en el desciframiento del sistema de escritura de la cultura maya. Desde su infancia escribía poemas, realizaba dibujos y tocaba el violín. Su formación académica comenzó en la Facultad de Historia de la Universidad Estatal de Moscú Lomonósov, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial se enroló al ejército en el rango de soldado de artillería. Formó parte de las tropas soviéticas que ingresaron a Berlín, en ese lapso de tiempo según con las referencias, Yuri salvó un par de libros de ser calcinados pero el propio autor desmintió la leyenda porque nunca sucedió un incendio, ya que las autoridades alemanas mandaron a preparar la biblioteca de ese lugar para su evacuación, tenían que trasladarla supuestamente a los Alpes, Austria. Valentinovich vio unas cajas en medio de la calle y al ver el contenido, eligió dos: “Códices Mayas” de los hermanos Villacorta editada en 1933, y “Relación de las Cosas de Yucatán” del obispo español Diego de Landa.

Al regresar a Moscú, trajo consigo esos escritos, prosiguió con sus estudios en la Universidad Lomonósov sobre el lenguaje árabe, egiptología y de los sistemas de escritura antiguos de China e India. Presentó su tesis, posteriormente se dirigió a Leningrado para seguir con sus estudios en el Instituto de Etnografía, a partir de ese momento se dedicaría a tiempo completo a estudiar la escritura maya. Se basó del alfabeto maya de Diego, muchos pensaban que no iba a comprender los jeroglíficos mayas, pensaban que no iba a lograr su cometido por ser un joven sin experiencia en aquel entonces. A pesar de las opiniones negativas, su maestro Serguéi Tókarev depositó su confianza en su alumno y lo apoyó, advirtiéndole que llevaría su tiempo y que en el camino habría muchos obstáculos.

Rompiendo todos los pronósticos y el trabajo de 5 siglos de científicos que intentaron comprender el sistema maya, el ruso encontró fallas en la metodología de Diego, debido a que de Landa intentó hallar equivalentes de los signos mayas para cada letra conformado por el alfabeto español, sin embargo, no existía dicha equivalencia debido a que la escritura maya era silábica, el etnólogo pudo averiguar que la lectura estaba integrada por 355 signos de los códices, éstos correspondían a la escritura fonética y morfémico silábica, o sea, los glifos mayas tenían logogramas cuya funciones era representar a una palabra entera, tal como los signos fonéticos. Este descubrimiento fue de suma importancia para el desciframiento de la escritura maya.

De nueva cuenta, Knórozov fue objeto de críticas porque sus primeros artículos publicados en 1952 no tuvieron reconocimiento y validez internacional. El principal detractor de su trabajo era Erick Thompson, prestigioso especialista maya respetado de aquella época. Según su opinión, Yuri era un don nadie al ser un representante de la ciencia soviética basada en los principios del marxismo leninismo. La Guerra Fría ocasionó un enfrentamiento en la rama de la lingüística, tuvieron que pasar 2 décadas para que todo mundo reconociera la labor de Knórozov.

Su artículo más destacado lo publicó en 1963 y lo tituló “Письменность индейцев-майя” (Písmennost Indéitsev Maiya) que en español significa “La Escritura de los Indígenas Mayas”. Como dato curioso, el descubrimiento lo hizo sin estar nunca en tierras mayas y para rematar, no hablaba español. Fue hasta 1990 cuando viajó por primera vez a Centroamérica, visitó Guatemala por invitación del Presidente de dicho país para entregarla el reconocimiento de la gran “Orden del Quetzal”, presea importante guatemalteco. 4 años más tarde, el gobierno de mexicano le entregó la “Orden Mexicana del Águila Azteca” en la embajada mexicana en Moscú. Yuri arribó a nuestra nación para participar en el III Congreso Internacional de Mayistas, en 1997 llevó a cabo su último viaje a México, en específico en varios sitios arqueológicos de Yucatán.

Falleció en 1999 en San Petersburgo por un derrame cerebral que se le complicó a causa de una neumonía. En los años noventa, colaboró con la doctora e historiadora rusa Galina Yershova, ambos prepararon un diccionario de glifos mayas con 1,035 palabras. El compilado “Compendio Xcaret de la escritura jeroglífica maya descifrada por Yuri Knórozov” se presentó en año después de su deceso en Xcaret, editándose en 3 tomos. El primero correspondía a un diccionario con glifos dibujados por el propio Knórozov, el segundo es una reproducción de los códices de Madrid, Dresde y París, y el tercero es una transliteración, transcripción y traducción al idioma español de los 3 códices mencionados, ya que con el tiempo aprendió dicho dialecto. En declaraciones, dijo que “en mi corazón siempre será mexicano”.

En marzo del 2018 dentro del marco de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), se develó en monumento en su honor y por sus aportaciones a la cultura maya que se ubica en la entrada el Centro de Convenciones Siglo XXI, a un costado del Gran Museo del Mundo Maya. La estatua fue concebida por el artista mexicano Reynaldo Bolio Suárez, mejor conocido como “Pacelli”. En la escultura se puede apreciar a Yuri Knórozov abrazando a su gata “Asia”, en el lado opuesto se aprecian escrituras mayas. Además, en las inmediaciones del museo alberga el centro de estudios “Yuri Knórosov”.