Muchos turistas cuando visitan Yucatán terminan enamorándose de sus tradiciones, de su gastronomía y de sus destinos turísticos. Es tanto su amor que algunos deciden quedarse a vivir en el Estado y buscan la manera de retribuirle por todo lo que les ha ofrecido en su nueva vida al “tomar agua de pozo”.

Por ejemplo, el escultor Enrique Gottdiener Soto nacido en la Ciudad de México el 8 de diciembre de 1909 vivió en Mérida por 40 años. Durante su estadía realizó varias piezas en honor a las comunidades mayas.

Enrique Gottdiener con su esposa Alina Estrada

Sus padres Marcos Gottdiener y Esther Soto, austro-húngaro y mexicana, respectivamente, lo enviaron a muy temprana a edad con su abuelo que residía en Viena. El pequeño Enrique adquirió conocimientos artísticos que lo ayudarían en su futura carrera al ser ayudante del artista Kurt Beckman. En Oradea y Transilvania aprendió el oficio de la escultura. Más tarde, ingresaría en la Academia de Munkácsy en Budapest.

Casa del artista

Antes de que regresara a América, estuvo brevemente en España donde realizó estatuas de San Santiago y San Francisco. Posteriormente, llegaría a Cuba y se trasladaría a la capital de México, ahí se dedicó a tallar santos. Incluso, tuvo una participación en la Escuela de Aire Libre en Coyoacán. Después ingresaría a la Academia de San Carlos, aprendió sobre restauración de antigüedades y aplicación de dorado gracias a Francisco Montoya de la Cruz y Rodolfo González, artistas con quien mantuvo una amistad cercana.

Igualmente, estuvo en otras ciudades del país y conociendo a más colegas hasta que finalmente llegó a Campeche en 1935 donde conoció a la maestra Alina Estrada con quien se casó en 1937. En ese mismo año arribaría a Mérida.

Su casa habilitada como taller se localizaba en la calle 60 #597-A entre 75 y 73 del Centro Histórico, aunque lamentablemente en estos tiempos el predio está en completo abandono.

Durante su estancia en Mérida, tuvo la suerte de conocer al escultor colombiano Rómulo Rozo, responsable de la construcción del Monumento a la Patria, quien también residió en la capital yucateca.

A lo largo de 4 décadas residiendo en Mérida, Enrique se desempeñó como maestro de modelado e historia en diversas escuelas, entre ellas podemos mencionar a la Escuela Popular de Artes Plásticas en el año en que llegó a la ciudad, pero que años después asumiría la Dirección General de Bellas Artes de Yucatán de 1964 a 1970.

Asimismo, se encargó de la construcción del pórtico hecho en piedra en Querétaro del edificio Central de la Universidad Autónoma de Yucatán, mientras que la remodelación del inmueble que data del siglo XVIII estuvo bajo la supervisión del arquitecto Carlos Castillo Montes de Oca en 1941.

Al tener un contacto directo con los yucatecos, capturó la esencia de los pueblos mayas a través de sus obras. Por ejemplo, en la Colonia Alemán sobre Circuito Colonias se localiza “La Jarana”, una escultura de bronce con pintura acrílica de aceite que muestra a una mestiza bailando y portando el huipil, vestimenta típica de las mujeres en la región.

Entre otros trabajos que realizó el artista en diversos municipios yucatecos se destacan los monumentos a Fray Diego de Landa en Izamal, “La Madre Indígena con niño” en Tixpéhual, “El Monumento a la Jarana” (o conocida como “La Mestiza”) en Cansahcab y “El Hechicero o Brujo Caminante”, etc., sin olvidar mencionar que hizo varios bustos de yucateco destacados como Guty Cárdenas, Alfredo Barrera Vázquez, Antonio Mediz Bolio, Eduardo Urzaiz Rodríguez, por mencionar algunos.

Recibió varios reconocimientos por su destacada trayectoria. Entre una de ellas es la Plaza Enrique Gottdiener en el Centro Estatal de Bellas Artes, en Mérida.

En la Pinacoteca Juan Gamboa Guzmán situada en la calle 59 x 60 y 58 hay una sala que lleva por nombre “Los mayas de bronce”, la cual exhibe parte de sus figurillas y joyería.

Enrique Gottdiener Soto murió el 17 de agosto de 1986 en la Ciudad de México a la edad de 77 años, dejando un gran legado que honorífica a la cultura maya en sus figuras.