En la época colonial, las calles de la ciudad blanca no estaban numeradas como están hoy en día, para llegar a una dirección en específico se usaba como referencia la nomenclatura de las calles como te hemos presentado en los artículos de las “Esquinas de Mérida”. El pueblo mágico de Izamal, tiene sus propias esquinas y éstas también tienen su historia, te diremos el motivo de su nombre en esta segunda parte.

– La Capilla de la Flor de Mayo (Calle 31 x 40)

En la entrada de Izamal y en la zona poniente del poblado, hay una capilla pequeña que antes era conocida como “La Capilla de la Flor de Mayo”, en la actualidad se le conoce como “La Capilla de la Santa Cruz”, la cual se ubica en la plazoleta conocida como “El Parque de los Cañones”. Hace muchos años, en este sitio se realizaban celebraciones y fiestas en el mes de mayo.

De acuerdo con la leyenda, en su momento en dicho barrio y cerca de la plazoleta antes conocida como “Mayo”, vivió una familia de escasos recursos en una casita modesta. El padre trabajaba como campesino, la esposa ayudaba con los gastos de la casa al dedicarse como empleada doméstica de familias de alto poder adquisitivo con lujosas residencias. La mujer iba a buscar su trabajo para que pudiera realizarlo en su vivienda y no descuidar el cuidado de Flor, su hija. La pequeña quien ya iba a la doctrina cada fin de semana en el templo parroquial, en sus clases de catecismo supo sobre la existencia de la Virgen de ltzalana, con el tiempo, Flor comenzó a quererla. El día de devoción de la Virgen era el 3 de mayo, a partir de ese entonces, la niña adoptó la costumbre de festejarla en esa fecha, juntaba a todos los vecinos quienes también querían a la Virgen y le ofrecían el mejor ramo de flores de mayo para ponérsela en su altar. Dicha costumbre no podía faltar cada año, muchos de los lugareños se enteraron de dicha celebración, la niñita solicitaba en que se realizara la ofrenda y que la dejaran a sola en el camarín. Los vecinos comentaban que cuando Flor se queda a solas con la Virgen, le realizaba oraciones para que sus padres pudieran ganar mucho dinero y pudieran ser felices en su choza.

Una mañana, Flor jugaba con otras niñas del vecindario en la plazuela, sin embargo, tuvo un aparatoso accidente, se cayó bruscamente. Le brindaron los primeros auxilios y cuidados que necesitaba, se recuperó, pero no del todo, podía escuchar, hablar y mover sus brazos, aunque ya no podría mover las piernas. Florecita solo observaba a las demás niñas jugar mientras ella no podía caminar. Pasaron los meses hasta que llegó el 3 de mayo, la niña pidió que la llevaran con la Virgen para que le diera su ofrenda floral. La llevaron y como siempre solicitaba, dijo que la dejaran sola en el camarín. Cuando ya no había nadie, recitó lo siguiente:

“Virgencita, tú sabes cuánto te quiero, lo que te he pedido para mis padres, me lo has concedido, pero hoy, te pediré algo más. Por favor, haz que vuelva a caminar y si esto no es posible, llévame contigo”.

La súplica la repitió varias veces, hasta que sus papás la fueron a buscar.

En aquella época, la Santísima Virgen debía ser trasladada a Mérida. De acuerdo con las creencias, era para conjurar las epidemias, plagas y pestes, en su camino tenía que pasar por la plazuela. Flor al enterarse de la noticia, dijo que la llevaran para que pudiera observar el paso de los fieles creyentes junto con la imagen de la Virgen. Cuando pasó la Virgen, la niña de nueva cuenta suplicó:

“Virgencita, haz que camine o llévame contigo”

Ante la sorpresa de todos los presentes, vieron como Flor se levantó de su silla, dio algunos pasos y por el esfuerzo que realizó, se desmayó. Desgraciadamente, esa noche perdió la vida. Sus padres y vecinos estaban sumamente tristes, se consolaban así mismos al saber que la pequeña cumplió sus últimos deseos: caminar y que la Virgen se la llevara consigo.

Llegó el 3 de mayo del siguiente año, todos los pobladores se acordaron de la ofrenda que cada año Florecita le daba a la Virgen. Al amanecer, los izamaleños se percataron que en el lugar donde se había desmayado Florecita, habían brotado flores de mayo las cuales permanecieron frescas durante todo el día a pesar del intenso calor. Al día siguiente, ya no había rastro alguno de las flores. El milagroso suceso siguió ocurriendo por unos años en esa fecha, los vecinos decidieron construir una capilla en honor a la memoria de Flor por su generosidad y gentileza que la caracterizaban. Fue así que, surgió “La Capilla de la Flor de Mayo”.

– La Cruz Caída (Calle 30-A x 31) –

En la parte noreste del parque principal de Izamal, en el extremo superior hay una base de mampostería, como si dicha construcción diera a entender que existió una figura o algo que fuera su apoyo. Según con las historias que se relatan, en 1847, año en la que explotó la “Guerra de Castas” en Yucatán, en esta esquina se observa una cruz de piedra junto a una casa, dicho objeto era considerada la más grande de todo el municipio. En dicha vivienda residía un izamaleño devoto al cristianismo, estaba casado con una mujer guapa y mucho más joven que él. El hombre estaba locamente enamorado de la jovencita.

El caballero era conocido por ser bondadoso con los demás, ayudaba a sus semejantes y por esta grandiosa cualidad, era querido por la gente. Parecía que se respiraba felicidad en el hogar de la pareja, no obstante, sucedió algo terrible. Un día, Izamal recibió una desgarradora noticia:

Los indios rebeldes habían llegado a las goteras de Izamal y amenazaban con invadirla. El pánico se hizo presente, se realizó una reunión urgente con todas las personas importantes en la Casa Municipal, se llegó al acuerdo de evacuar el pueblo y se ordenó la concentración de los vecinos en la Plazoleta San Francisco en caso de que fuera necesario, y así dirigirse al pueblo vecino de Tekantó, sin embargo, se sabía que, con la finalidad de defender la ciudad, venía en marchas forzadas el Coronel Juan José Méndez.

La revuelta era impresionante, el valiente Coronel Padillo organizó un pequeño grupo de voluntarios y ofreció sus servicios con el fin de detener o retrasar la entrada de los rebeldes para darles tiempo a los vecinos de irse a Tekantó. Las alarmantes noticias le causaron un impacto fuerte a la esposa del izamaleño, repentinamente falleció. El ahora viudo invadido por el dolor, no sabía si sepultar a su difunta esposa o dejar el cuerpo en la casa a merced de que los indios ingresaran al pueblo. Sin pensarlo dos veces, decidió cargar el cadáver. Se unió con la ciudadanía para ir a Tekantó, el señor se esforzaba por cargar a su compañera de vida, pero la gente le convenció de que la dejará en el monte. Dos días después, el Coronel Méndez recuperó la ciudad al frente de la “Cuarta División”, los invasores huyeron.

El hombre regresó a su casita, mandó a labrar una cruz de piedra, la colocó en la parte superior de la esquina de su hogar, decía que realizó esto en honor a su fallecida esposa. Pasó el tiempo y los transeúntes que pasaban por la esquina durante las noches, comentaban que veían al señor y llamaba a su amada con una voz quebrantable sin apartar su mira de aquella cruz situada en el techo de su vivienda. El rumor se esparció como pólvora y algunos vecinos esperaron la madrugada para confirmar lo que habían escuchado. El cónyuge seguía haciendo lo mismo, platicaba con su mujer y miraba a la cruz porque ésta la simbolizaba.

Una noche, el ex esposo repetía sin cesar: “Ya llegó el día, esposa amada”. Los lugareños comentaban que había perdido la razón por el acontecimiento. Ya a altas horas de la madrugada, entró a su casa y nunca más salió. Todos se alarmaron, fueron a verlo y vieron que ya estaba muerto. Se relata que después de despedirlo y sepultarlo junto al amor de su vida, los asistentes que estuvieron presentes en el entierro, observaron que la cruz se desprendió y quedó hecho añicos al golpearse contra el piso. La gente comenzó a murmurar que la caída de dicho objeto simbolizaba el amor de la pareja había culminado, y ya no tenía razón alguna de estar erigida en la residencia. Las personas no estaban de acuerdo que la cruz se reparara y la pusieran en su lugar, porque la consideraban un artículo valioso, fue así que trasladaron la cruz en el patio interior del Convento donde fue reparada y posteriormente empotrada.

Fuente: Izamal Pueblo Mágico