En la época colonial, las calles de la ciudad blanca no estaban numeradas como están hoy en día, para llegar a una dirección en específico se usaba como referencia la nomenclatura de las calles como te hemos presentado en los artículos de las “Esquinas de Mérida”. El pueblo mágico de Izamal, tiene sus propias esquinas y éstas también tienen su historia, te diremos el motivo de su nombre en esta tercera parte.

La Leyenda de la Siempreviva

Las calles 27 x 26-B x 28, fueron testigo de una historia de un amor imposible cuando una mujer en contra de su voluntad, fue obligada a amar a una deidad, sin embargo, se terminaría enamorando de un guerrero. De acuerdo a una placa descriptiva empotrada en un predio cercano a la entrada de la Pirámide de Kinich Kamó, la leyenda dice lo siguiente:

Después de que terminara una de las lloviznas provenientes del cielo en un verano por la tarde, un lugareño caminaba muy cerca del cerro de Kinich Kakmó, oyó una vocecita dulce que decía: “¿Eres tú, Balam?”

Sorprendido, miró a su alrededor y pensó que dicha voz fue producto de su imaginación o simplemente fue una ilusión provocado por sus sentidos, aunque escuchó de nueva cuenta la voz y para su sorpresa, provenía de la flor silvestre llamada siempreviva.

Impulsado por su curiosidad o superstición, contestó: “¿Quién eres que me llamas por un nombre que no es el mío”?

La vocecita le respondió: “Entonces, tú no eres mi Balám, ni me conoces, pero sí me escuchas. Te contaré mi historia y quien soy.

 Yo era una sacerdotisa del templo de Itzamaltul, hija de un principal; había hecho el voto de castidad que mi condición me exigía, lo que significaba que mi amor sería para mi dios y no para un mortal. Durante la ceremonia del juego de pelota, conocí a un valiente guerrero que se llamaba Balam… nos enamoramos, pero de un modo u otro, esto llegó a los oídos de mi padre, hasta sorprendernos en una de nuestras entrevistas de amor.

Como castigo nos impuso, yo sería sacrificada a los pies del rojo Kinich, y mi amado presenciaría el sacrificio al pie de la escalinata del mismo. Ese trágico día llegó, recuerdo que me pintaron y vistieron, quienes mueren al pie del dios y como si fuese un sueño, recuerdo que fui llevada y colocada en el templo del dios Kinich, ante la mirada desesperada de mi Balam… de repente sentí un profundo dolor al ser mi pecho desgarrado, pero mi corazón aún palpitante, se arrebató de las manos del sumo sacerdote y rodando por las escalinatas del templo, llegó a los pies de mi amado Balam, quien escuchó de mí: Tómame, soy tuya.

Él huyó conmigo, sin que nadie osara impedirlo y a en la claridad de una noche de luna llena, me trajo a enterrar a los pies de este templo. Me prometió que vendría por mí, lo he estado esperando por muchas lunas llenas, pero mi Balam no llega”.

Emocionado al escuchar la historia, el hombre acercó sus labios para besar a la florecita y en su interior al crepúsculo vio brillar una gota… ¿Sería de la lluvia anterior? o ¿sería una última lágrima que la siempreviva derramaba por su Balam?… ¿Quién lo sabe?