En la época colonial, las calles de la ciudad blanca no estaban numeradas como están hoy en día, para llegar a una dirección en específico se usaba como referencia la nomenclatura de las calles como te hemos presentado en los artículos de las “Esquinas de Mérida”. El pueblo mágico de Izamal, tiene sus propias esquinas y éstas también tienen su historia, te diremos el motivo de su nombre en esta quinta parte. En esta ocasión te traemos “La Leyenda de la Xtabay de Los Remedios”.

Las pintorescas calles de Izamal resguardan varias historias y sucesos que ocurrieron hace muchos años. El Parque de los Remedios ubicada en las calles 27 x 34, es uno de los hermosos barrios históricos a conocer cuando visitamos este Pueblo Mágico, sin embargo, alberga una terrorífica leyenda. En la zona noreste de dicho parque, en su momento había una imponente y bellísima ceiba, árbol sagrado en la cultura maya, pero ésta dio origen al siguiente relato.

Hace mucho tiempo, en los rumbos del Parque de los Remedios, los vecinos comentaban que varios transeúntes en sus caminatas nocturnas, pasaban por donde estaba la ceiba, éstos apreciaban una silueta de una hermosa mujer indígena parada a un lado de la ceiba y peinando su larga y abundante cabellera, mientras entonaba cánticos cautivadores, siendo una especie de invitación a todo aquel que la escuchara para que se le acercasen por su magnífica voz. Se rumoreaba que la canción era tan hipnótica que los que habían sido víctimas de esos cantos, tuvieron que oponer resistencia para escapar de aquella misteriosa mujer.

A unas cuadras del Parque de los Remedios, se encuentra el Barrio de San Francisco. En ese lugar residía un joven campesino, adoraba al Dios Baco de una manera un poco singular. Al ser un trabajador dedicado al campo, tenía un horario fijo que cumplía puntualmente todos los días. Luego de su jornada laboral, los vecinos del rumbo lo veían caminar por el centro de la Ciudad para calmar su “sed”. Ya a altas horas de la noche, cuando todos descansaban en sus hogares, se le podía escuchar al hombre dando pasos desiguales. En las cantinas donde se embriagaba, trataba de convencer a los demás que tenía un extraño romance con una hermosa mujer que siempre veía en una ceiba en su retorno a su casa durante las noches.

 

Naturalmente, nadie le creía ni una sola palabra que emanaba de su aliento alcohólico. Una mañana hallaron su cadáver a lado de la ceiba, su rostro arañado evidenciaba la furia con la que había sido atacado. A pesar de que la policía se dedicó a investigar el lamentable acontecimiento, nunca lograron descubrir al autor del crimen. Pasó el tiempo, los pobladores del rumbo comentaban que el alma del campesino fue arrebatada por la mujer indígena que siempre estaba al pie del árbol. Los rumores se esparcieron como pólvora que ocasionó un alboroto, las autoridades decidieron cortar el árbol grande para apaciguar el ambiente que se vivía.

De acuerdo con los relatos, cuando el tronco del árbol recibió el primer hachazo, se escucharon horripilantes lamentos, como si dichos quejidos proviniesen de una persona. En varias ocasiones se tuvo que cambiar el personal que estaba cortando la ceiba, hasta que por fin fue derrumbada, aunque el tronco permaneció. Los vecinos que pasaban por ese sitio, aseguraban escuchar horribles gritos que provenían del tronco, como si fuera de una persona herida. Las personas metieron presión para que el tronco fuera quemado y así poner punto final a los gritos.

Al no tener respuesta, los vecinos decididos se juntaron una mañana y rociaron petróleo encima del tronco y lo prendieron con fuego. Todos los que se congregaron se llevaron el susto de su vida porque del tronco se escuchaban alaridos que cesaron cuando las llamas que consumieron el tronco se apagaron, pero de un momento a otro se convirtieron en lamentos quejumbrosos, como si las llamas le hubieran quitado la vida a una persona.

Para cerciorarse de que no brotara otro ejemplar de ceiba, se recurrió a los servicios de un X´men que vivía en el rumbo. El chamán dio la orden de que en donde estaba el árbol, fuera rellenado con tierra, hojas de ruda y de otras hierbas mágicas. A partir de ese día, ya no se volvieron a escuchar los gritos y tampoco volvió aparecer aquella mujer. Muchas preguntas surgieron en los izamaleños. A caso, ¿el ritual funcionó?, ¿la mujer en verdad le robó su alma al campesino?