En la época colonial, las calles de la ciudad blanca no estaban numeradas como están hoy en día, para llegar a una dirección en específico se usaba como referencia la nomenclatura de las calles como te hemos presentado en los artículos de las “Esquinas de Mérida”. El pueblo mágico de Izamal, tiene sus propias esquinas y éstas también tienen su historia, te diremos el motivo de su nombre en esta sexta parte. En esta ocasión te traemos “La Leyenda de la Calle Nueva”.

A un par de metros del Arco del Convento de Izamal que en la cuarta parte te contamos su historia, se encuentra la esquina conocida como “La Calle Nueva” ubicada en la calle 31 x 28. De acuerdo con la leyenda, hace muchos años en el final de dicho sitio residía un caballero español llamado Don Juan Pedro de la Torre, un viudo de corazón noble y bondadoso quien cuidaba a su sobrina llamada Rosa. En aquel entonces, la calle no existía en sí porque ahí se localizaba el huerto del Convento, cerrado entre 2 muros que delimitaban con el fondo del patio.

En el otro lado de la aquella inexistente calle que se dirige a la plaza principal donde está el arco, vivía un señor que se llamaba Don Darío, aunque los pobladores se referían a él a sus espaldas como “Don Luzbel” por su temperamento, carácter y porque siempre portaba vestimenta negra. Este hombre tenía alto poder económico y era conocido por su reputación de brujo y por realizar tratos con el diablo. A altas horas de la noche, en su casa emanaban luces de dudosa procedencia y se podía escuchar una voz grave, además de la de él.

Los habitantes le tenían miedo de Don Darío, con Don Juan era todo lo contrario, lo apreciaban demasiado al igual que a su sobrina. Repentinamente un día, Don Darío se presentó en la vivienda de Don Juan, éste se sorprendió de su visita. Don Darío le pidió permiso a Don Juan para que se pudiera casar con Rosa. Por la forma tan abrupta de solicitarle tal petición, le pidió tiempo para que pensara dicha propuesta. Sin que se percatara, Rosa sin querer escuchó la conversación, esperó a que Don Darío se marchara de la casa y enseguida se echó a los pies de su tío, suplicándole que no accediera a tal tonta solicitud, ya que lo único que sentía por el sujeto era temor.

A través de una carta, Don Juan le dio a conocer a Don Darío su respuesta negativa ante el enlace matrimonial que había solicitado para casarse con Rosa. La ira invadió el cuerpo del individuo, le informó a Don Juan que Rosa sería de él y de nadie más, aun si tuviera que vender su alma al demonio. Inmediatamente, Don Juan le ordenó a su sobrina que durmiera en una alcoba junto a su habitación, aseguró las ventanas y puertas de la casa y dio la orden de que Rosa siempre estuviera acompañada las 24 horas del día. A partir de ese día, la joven estaba intranquila, su pavor era tan inmenso que no podía comer ni dormir en las noches, apenas cerraba los ojos y comenzaba soñar cosas horripilantes, poco a poco su salud se deterioraba.

Durante las madrugadas, los vecinos escuchaban ruidos extraños al mismo tiempo que veían luces extrañas que provenían de la casa de Don Darío, algunos afirmaban ver una sombra que atravesaba las paredes del Convento, se le veía merodear en el patio hasta llegar a la vivienda de Don Juan, buscando el modo de entrar. Cuando aparecían los primeros rayos solares, la silueta se retiraba del lugar maldiciendo por no haber logrado su cometido.

Los lugareños supieron sobre el estado de salud de Rosa que cada día empeoraba, Don Juan muy preocupado visitó a Fray Toribio para pedirle ayuda, considerado el Padre más sabio, bondadoso y veterano del Convento. El fraile le aconsejó a Don Juan que llevara a Rosa en el patio del Convento y así ambos pudieran refugiarse en las noches. Según los relatos, se dice que desde la primera noche aparecieron luces extrañas acompañadas de escalofriantes ruidos que salían de la casa de Don Darío. Fray Toribio se arrodilló y comenzó a rezarle con fervor a “Mama Linda” (La Virgen de Izamal) para que se interpusiera ante aquel poder demoníaco. Desde esa noche y las siguientes, la sombra que salía de la casa de Don Darío ya no podía atravesar los muros del Convento.

La noticia se esparció en todo el poblado, llegándole a los oídos del Padre Superior del Convento. Comunicó el suceso a la Sagrada Inquisición en la Capital de la Provincia, la organización envió a 2 personas para interrogar e investigar las intenciones de Don Darío. La salud de Rosa empezó a mejorar, por su parte Don Darío, el brujo de Izamal, desapareció.

Tiempo después de su desaparición, en una madrugada se escucharon horribles lamentos, posteriormente salió una sombra de la casa. Quienes presenciaron el acontecimiento, aseguraron que se trataba del alma de Don Darío cuya alma se postró en el pie del muro del Convento y clamaba perdón a gritos por haber infringido daño a Rosa. Nunca más se supo acerca de aquel brujo de Izamal.