En la época colonial, las calles de la ciudad blanca no estaban numeradas como están hoy en día, para llegar a una dirección en específico se usaba como referencia la nomenclatura de las calles como te hemos presentado en los artículos de las “Esquinas de Mérida”. El pueblo mágico de Izamal, tiene sus propias esquinas y éstas también tienen su historia, te diremos el motivo de su nombre en esta séptima parte. En esta ocasión te traemos la historia de “La Plazuela de El Guerrero”.

Ubicada en la calle 24 x 33 y enfrente del Parque a la Madre, esta esquina resguarda una historia que data de los inicios de la “Guerra de Castas”. En aquel entonces, a los municipios se les llamaba “Partidos”, así que el Partido de Izamal contaba con una importante solvencia económica, mucho mayor a la que tiene en estos días. Constaba a la Ciudad de Izamal, título recientemente expedido por el Congreso del Estado el 4 de diciembre de 1841, gracias a sus 24 pueblos, 247 ranchos y 150 haciendas, con un total de 40,652 pobladores. Por estas cifras, los mayas sublevados en su marcha hacia la capital, la Ciudad de Mérida, planeaban apoderarse de Izamal.

Un 8 de mayo de 1848, en dos caminos diferentes, los mayas rebeldes regresaban a Izamal. Un grupo tomó el camino del oriente que se dirigía a Tunkás, mientras que el otro provenía del sur, donde se localiza la actual carretera que lleva a Sudzal y Kantunil. El último pelotón era comandado por el líder maya Jacinto Pat, capitán destacado por su valentía y aberración por la población caucásica, porque los pueblos cayeron a causa de ellos, los aniquilaban a todos a diestra y siniestra a filo de machete.

Izamal tenía una pequeña fuerza improvisada conformada por los vecinos, imposibilitados para defenderse, acordaron abandonar el poblado, escoltaron a los lugareños por esta fuerza armada y marcando a la Plazuela de San Francisco como punto de partida. Una vez congregados en ese sitio, las familias y las pocas pertenencias se transportaron en bolanes y carretas.

Debido a la cercanía de la gente de Jacinto Pat y que el tiempo les favorecía, y siendo una verdadera amenaza, las autoridades mandaron a una pequeña fuerza para impedir la retirada de las personas y tratar de contener a los rebeldes mayas, así que eligieron un lugar estratégico para sorprenderlos.

El Coronel Padilla fue designado para ser el responsable de jefaturar al grupo, un nativo que se distinguía por su valor y no temer a los combates, impulsado por el cariño que le tenía la población hacia él. Cuando organizó al pequeño grupo que lideraba con el fin de detener a los mayas rebeldes, eligió como punto fuerte la casa que está al oriente de dicha plazuela, ocupando los techos de la construcción, ordenó que se levantaran albarradas fortificadas y dobles para cerrar las calles por donde debía venir el enemigo.

Mientras que los vecinos izamaleños estaban a toda prisa por el antiguo camino a Tekantó, desde el barrio de San Francisco y yendo al encuentro de una fuerza de rescate que desde ese punto venía a marchas forzadas para protegerlos, la pequeña fuerza del Coronel Padilla enfrentó a la congregación de indios rebeldes. Se comenta que el Coronel pronunció un discurso emotivo e inspirador a su pequeña fuerza:

“Vecinos de Izamal, nosotros que nos hemos brindado en forma voluntaria para formar este pequeño grupo, somos los únicos que en este momento podemos salvar la vida de nuestros familiares que huyen para Tekantó, así que trataremos de contener al enemigo el mayor tiempo posible, y con esto cumpliremos con nuestro deber. Así que, a pelear con coraje y valentía”.

Instantáneamente después del discurso, el ronco ulular del caracol marino se escuchaba en los lugares aledaños, atrayendo a los lúgubres presagios de destrucción y muerte, seguida de una enorme y ensordecedor griterío que anunciaba el ataque de los rebeldes. Jacinto Pat, se presentaba en Izamal a cobrar su tributo de destrucción y muerte.

Los mayas atacaron ferozmente al grupo de defensores. Los indígenas tenían perfecto conocimiento que luego de la pelea, los espetaba el saqueo de Izamal, esto les daba mayor fuerza en sus ataques. El pequeño grupo comandado por el Coronel Padilla sabían que, si cedían, sus familias estarían condenadas a morir. Los combatientes de Padilla parecían multiplicarse, Jacinto Pat y sus hombres sintieron que el grupo defensor crecía cada vez más.

La contienda finalizó luego de haber peleado medio día, tiempo suficiente para que la gente de Izamal se salvara, pero con a costa de un precio. Se dice que Jacinto Pat se sorprendió ante la hazaña del pequeño grupo que pudo detener a los mayas rebeldes, así que dio la orden de que sus cadáveres fueran enterrados sin destrozarlos con los machetes como era su costumbre entre ellos, honrando sus memorias y valor, ya que sólo dejarían de resistir hasta que el último hombre estuviera muerto.

En honor al Corona Padilla y a su equipo, los izamaleños encabezados por el Coronel Juan Méndez, originario de la ciudad y quien recuperó la población al frente de la famosa “Cuarta División”, para honrar el acto heroico del grupo de Padilla, nombraron al lugar donde se desarrolló la batalla como “La Plazuela de El Guerrero”, de acuerdo a la leyenda que se narra sobre la nomenclatura de la esquina.