Las esquinas de la Ciudad Blanca tienen historia y una gran característica que tienen, es por ser conocidas mundialmente desde la época colonial. Hasta la fecha, algunas esquinas existen, se les daba un nombre en particular por algún suceso que haya pasado o por haberse encontrado un objeto. En esta quinceava parte te traemos otra lista y te explicaremos el porqué de su respectivo nombre.

 “El Elefante” (Calle 46 x 65 Centro)

En la segunda parte de las “Esquinas de Mérida”, publicamos acerca de esta esquina cuya historia era porque el propietario de la casa ubicada entre estos cruzamientos puso un elefante metálico en el techo de su propiedad para darle estilo, otra versión dice que 2 hermanos constantemente tenían enfrentamiento y uno en burla, mandó a instalar el elefante a manera de burla porque su hermano era gordo y grande.

Sin embargo, de acuerdo a la placa empotrada a contra esquina narra que esta esquina se llama así por una antigua representación de este animal instalada sobre el techo. Se tiene el dato que, en 1794, Francisco Báez vendió en 305 pesos la residencia de canto cubierta de azotea a Don José Julián Peón, poeta de la ciudad de Mérida, quien le dijo que “mi casa vulgarmente la llaman el elefante”. Peón como propietario le realizó varias mejoras y arreglos, entre ellas tuvo la ocurrencia de colocar sobre la vivienda dicho paquidermo de lámina de lata y pintando en aceite según las crónicas de Don Gonzalo Cámara Zavala. La construcción fue vendida otra vez en 1798 por la cantidad de 1900 pesos a Don José Mariano Suarez. En 1815 fue adquirida por Don Joaquín Quijano Cetina.

Se comenta que el primer elefante era de estuco y luego se modificó por una escultura de latón que data de la época colonial. Con respecto al edificio colonial a canto con friso saliente en la cúspide, funcionó luego como fábrica de jabón, curtidora de pieles y batición, la última empresa fabricaba extracto de palo de tinte. Tras la elaboración de la estatua, se elabora la placa para orientación de indios y españoles por no haber nomenclatura.

La popular esquina por los yucatecos, es citada en el primer octeto del poema “Las Esquinas de Mérida” que Don José Trinidad Castillo “Zebedeo” dedicó a los emblemáticos rincones meridanos. El verso dice:

“Le voy a referir lo que pasó

por causa de EL CHOMAC y EL ELEFANTE,

porque vieron a EL CHIVO muy triunfante

tocando a perfección en EL VIOLÍN

LA VIEJA obertura EL AGUACATE

que le enseñó a tocar EL ZOPILOTE

que ni el mismo maestro EL TECOLOTE

ha podido soplar en EL CLARÍN.

El Tigre (Calle 54 con 55 Centro)

A inicios del 2020, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) recuperó la placa de piedra caliza que data del siglo XVII al ser entregada a la institución. Según con diversas notas periodísticas, la loza mide 181 cms de largo por 112 cms de alto y 33 cm de ancho y fechada aproximadamente en 1638, mismo año en que fue instalada, sirvió como referencia a la gente de por la zona cuando las calles no estaban enumeradas de acuerdo a las crónicas de los escritores de aquellas épocas. Entre 1864 y 1865 fue cuando las esquinas se les concedió una nomenclatura, incluyendo a ésta.

Conforme la ciudad se iba modernizando, se retiró la piedra cuando la residencia fue demolida y remodelada con las ruinas de la misma en el siglo XX, la cual albergó una panadería cuyo dueño era Candelario Correa. En la década de los setenta, de nueva cuenta la edificación sufrió una demolición y se construyó un hotel que posteriormente sería un centro nocturno. En los 80´s se conocía como el “Chac-mool”, esto ocasionó que dicha esquina fue renombrada como el dicho establecimiento antes mencionado.

La placa de roca caliza tiene la representación del felino de cuerpo entero labrado en alto relieve, a su lado derecho posee una placa labrada con la leyenda “Tigre” y la inscripción que apenas se puede leer “Yucatan tiera de fieres” que probablemente se refiera a “Yucatán tierra de fieras”.

Los Peones (Calle 63 x 62 Centro)

Su nombre se debe a que a la panificadora la cual Gonzalo Cámara Zavala en su relación de las calles de Mérida, la nomenclatura es por el apellido “Peón” que tuvieron varias familias, todas emparentadas, que fueron propietarias de predios sobre la calle 63 y 62. En la “Historia Gráfica de Mérida, Yucatán”, de José Adonay Cetina Sierra, comenta que esta esquina correspondía a una casa que fue una panadería y antes un café curioso con kiosco en la terraza del techo, por su parte, Francisco D. Montejo Baqueiro dice que fue a principios del siglo XX fue cuando comenzó a funcionar la Panificadora Yucateca, “Panadería y Cafetería Antonio Morales”. Hoy el sitio continúa desarrollando esta actividad comercial.

Como dato curioso, sobre la calle 63 en la casona con número 508 nació el escritor y poeta José Peón Contreras, destacado dramaturgo y novelista yucateco. En la actualidad dicha construcción alberga una tienda conocida de 24 horas.