Por Pedro Hernández

En esta edición especial de “Explorando Yucatán” te compartimos la experiencia que vivió Pedro Hernández, fotógrafo y videógrafo de Explore Yucatán, en compañía de sus seres queridos tras su visita en Acanceh y en la zona arqueológica de Mayapán en esta nueva modalidad y modo de visitar los destinos turísticos del Estado. Sin más por el momento, disfruta de esta interesante y padrísima editorial. ¡Vamos a explorar Yucatán!

Una salida a los lugares mágicos del Estado siempre es una de las mejores dosis de armonía y paz personal que puedes encontrar. Un sábado en la tarde decidí retomar la costumbre de visitar los pueblos cercanos de Mérida.  Una de las comunidades que tenía en la mira era Acanceh, aquella ciudad maya que dentro de su centro histórico tiene una estructura maya que da esa sensación de sincretismo vivo entre lo maya y la civilización actual. Sin pensarlo mucho, al día siguiente en la mañana tomé el auto y me encaminé sobre la carretera Mérida-Cancún rumbo hacia Acanceh. El día era fenomenal, soleado y cálido, pero agradable.

Al llegar a Acanceh apreciamos el poblado, caminamos tranquilamente por las calles visiblemente llamativas y nos encontramos con un enorme letrero que mostraba una cercanía con el mítico lugar del que siempre había escuchado: Mayapán.

Vimos que la legendaria ciudad maya estaba a unos cuantos kilómetros de distancia y no lo pensamos ningún segundo, nos dirigimos a través de una carretera muy bonita, cuidada, segura y tranquila.  Cuando llegamos a un estacionamiento pequeño y natural en el cual dejamos el automóvil al resguardo de la naturaleza, a unos metros más estaba una caseta de acceso donde nos registramos y nos informaron que los visitantes nacionales no pagan la entrada en día domingo.

Luego de tomar nuestras medidas correspondientes como la desinfección de manos con gel antibacterial y leer las medidas de mantención de sana distancia dentro de las instalaciones y el uso obligatorio de mascarilla, nos adentramos en el mágico asentamiento que fue de las últimas ciudades mayas habitadas en la época precolombina. Los yucatecos conocen a este yacimiento arqueológico como la “Mini Chichén Itzá” porque sus estructuras son similares a los de la Séptima Maravilla del Mundo, aunque de menor escala y compactadas en una superficie cubierta de pasto verde como si se tratase de una alfombra natural.

Podría decir que se puede caminar descalzo, sentir la naturaleza y subir al Templo de Kukulkán y admirar el horizonte verde del Mayab legendario. Mayapán de seguro nos guarda misterios que no pude descubrir en mi impulsivo e improvisado viaje.  En 1 hora y media se pudo disfrutar de la amplia y vasta historia de las civilizaciones mesoamericanas asentadas en la Península, aquellas que florecieron hace siglos y que hoy aún conservan esas tradiciones en sincretismo con las enseñanzas trasatlánticas que llegaron durante el período de conquista.

Para cerrar el viaje de regreso a Mérida, pasamos de nueva cuenta por Acanceh para refrescarnos y comer algo. Sin duda un viaje del que todavía tengo asignaturas pendientes, pues me hubiera gustado documentar más sobre el contexto histórico de la bella Mayapán.

Fotografías y texto: Pedro Hernández