En esta ocasión, Rodo Vallado se aventuró al municipio de Acanceh y convivió y platicó con Don Edgar, un chamán yucateco quien realizó una ceremonia en su presencia, además de que le explicó sobre la cosmovisión maya y de cómo el ser humano se entrelaza con ella. Adéntrate en las líneas de esta interesante editorial y aventúrate junto con Rodo en esta experiencia inigualable.

Sin más preámbulo, así comenzó la aventura: Mucha gente y conocidos míos sabe de mi interés por los “J’men” de Yucatán (chamanes), una amiga me contactó con la directora de comunicación del Museo de Antropología e Historia Palacio Cantón, Cecilia Ricardez, con el objetivo de compartirles datos e información acerca de cómo trabajan con estos sabios. Cuando me contacté en ese momento con ella, me comentó que iba a realizar un Workshop de John Stanmeyer, nada más y nada menos que uno de los fotoperiodistas más reconocidos en la actualidad, algunos de sus logros son:

    • 1999: Medalla de Oro Robert Capa por “El asesinato de Bernardino Guterres en Dili, Timor Oriental “, SABA for Time .
    • 2008: Premio Revista Nacional de Fotoperiodismo.
    • 2013: World Press Photo del año, Ámsterdam, por una fotografía de inmigrantes africanos en la costa de la ciudad de Djibouti en la noche.

  • Click con “Uncle Dave” y conociendo a Don Edgar

Bueno, ya con eso, ¿Cómo negar mi impulso de querer verme involucrado en el proyecto? Sin dudarlo, me puse de pechito con el clásico “lo que necesites,  cuenta conmigo” y afortunadamente, sí necesitaron de mi apoyo. Cuando llegaron para hacer el WS, me presentaron con David, después de unas horas se convirtió en “Uncle Dave”. Afortunadamente nuestra pasión por la fotografía nos hizo hacer un click inmediato, durante nuestras largas pláticas camino al interior del Estado para ver los J’men, Dave me platicó que actualmente realiza los efectos de sonido de varias películas de Hollywood y trabaja con muchas celebridades,  ha estado nominado para los Premios en la categoría de “Mejor Director de Sonido” en 17 veces, lamentablemente aún no se gana esa estrellita en la frente, pero no dudo que pronto lo gane.

Cuando llegamos con Don Edgar, enseguida vi algo inusual… la manera en que se presentó, la forma en la que hablaba de los antiguos, de su cosmovisión y de cómo nos entrelazamos con ella. Hombre y naturaleza siendo una sola esencia, o sea hombre = naturaleza, y viceversa. En el centro de su terreno tenía un enorme árbol de ceiba rodeado por un círculo, el cual representaba el calendario maya y dentro de esa circunferencia, habían unas divisiones que sumándolas daban como resultado los días del antiguo calendario, nos explicó también el significado del número 13 para los mayas, la importancia del Balché y de otras bebidas ceremoniales. Lo que más llamó mi atención fueron sus expresiones entrelazando todo, como la filosofía natural, esa que te da la vida. Simplemente fue hermoso.

  • Inicio de la ceremonia

Una vez que terminó su explicación, pasamos a realizar una ceremonia de sacrificio, en la cual se emplea una gallina, la más hermosa, para encomendarla a los dioses antiguos. Don Edgar entró al gallinero, y seleccionó a una ya adulta, era en verdad preciosa, no sé bien cómo lo hizo o si esto es normal en las gallinas,  la puso boca arriba y la gallina quedó inmóvil aproximadamente por un minuto, mientras él cantaba una especie de mantra en voz baja.  Caminó hacia el árbol de ceiba, todo esto a la par que todavía susurraba canticos, era una canción en maya, sólo pude reconocer la palabra “Chac” que significa rojo.

Una vez que llegamos al círculo, empezó a dar vueltas y en cada punto cardinal se agachaba y alzaba la gallina por encima de su cabeza, luego se dirigió a una mesa bajo un arco de madera donde tenía bebidas ceremoniales, mazorcas, y pozole viejo y nuevo. Ahí puso a la gallina nuevamente boca arriba y sin percatarme, la mató de un dislocamiento de cuello. Posteriormente abrió su pescuezo, el silencio era absoluto, dejó que la sangre chorreara, las gotas rojas del líquido chocaban sobre la tierra seca, observaba cómo se esparcían de una manera agresiva al reventarse, estuve en un momento como de trance, me quedé viendo fijamente durante unos segundos,  la tierra y esa imagen se repetía en mi mente como si fuera cámara lenta.

El sacrificio fue durante el atardecer, así que los colores cálidos y dorados estaban por doquier, sombras interesantes salían de todos los objetos, era el momento de regresar a “modo fotógrafo” y seguir capturando parte del proceso. La ofrenda finalizó y regresamos al lugar donde se encontraba su esposa, quien lo ayudó a desplumar la gallina y ponerla a calentar, la cocinaron en escabeche. En esta ocasión no me enfoque en los sabores al comerla, todo lo previo me había puesto con un ánimo muy espiritual, cada taco que comía sentía que era algo sagrado, que lo que acababa de ocurrir era único,  fuera de lo habitual, un ritual que me ayudó a despejar mi mente, ver y entender algunas cosas desde otra perspectiva.

Si está en tus posibilidades y cuando finalice lo que está pasando, mi recomendación es siempre ir a una ceremonia, sea cual sea, con todas las ganas de vivir la experiencia, no poner en duda lo que está por pasar, si no ponerse en sintonía con ese instante y dejarse llevar, hay que respetar el esfuerzo que los antiguos hacen  por mantenerlas vigentes.