El barrio de Santa Ana guarda en sus alrededores historias que se han ido conformando con el paso de los años, en la época colonial era un lugar exclusivo para los jornaleros y artesanos, el cuál registró un rápido desarrollo.

El gobernador de aquel entonces y capitán general de Yucatán, Antonio de Figueroa y Silva, mandó a construir una calle desde el palacio episcopal en 1726, contiguo a la Catedral de San Ildefonso, rumbo al norte que era la continuación a la vía que hasta ese entonces llegaba al Barrio de Santa Lucía. En el proyecto se incorporaron 2 arcos de cantería en el trayecto, haciendo que el barrio de Santa Ana que estaba poblado por artesanos y trabajadores, se integrara al centro histórico de Mérida, ocasionando un cambio radical que aceleró su desarrollo.

La obra incluyó una pequeña alameda como si fuera una plaza establecida, lo que es ahora la esquina de la calle 47 y 60, que al principio se llamaba Paseo de Santa Ana, actualmente el parque. Las labores de edificación concluyeron en 1733, pero Antonio de Figueroa y Silva falleció al poco tiempo de que se terminará la iglesia, luego de regresar de una exitosa campaña bélica contra los filibusteros ingleses en la región oriental de la península de Yucatán (hoy Belice y Chetumal). En la fachada principal de la iglesia hay una placa, la cual dice que ahí reposan sus restos.

Después de la construcción de la Parroquia de Santa Ana donde había antes una capilla abierta construida un siglo antes, se dice que se edificó sobre un basamento precolombino maya. En la fachada se encuentra una cruz de hierro y 2 torres de campanario en forma piramidal, en el interior se destaca una serie de nichos en los muros con esculturas, tiene 2 capillas, la del norte está dedicada al sagrado corazón de Jesús y la del sur a María Auxiliadora.

En la actualidad, el barrio de Santa Ana es sede de muestras de artesanías, de gastronomía y de tianguis que se instalan en la explanada. A un costado del parque, se encuentra el mercado de Santa Ana distinguiéndose por la comida regional que ofrecen los restaurantes. Es de los lugares preferidos por los turistas y hasta por los propios ciudadanos. Como dato, en el siglo XX se estableció una panadería que gozó de fama por la elaboración de barras (pan francés). Los propietarios del establecimiento, dos hermanos originarios de catalán y de apellido Llano, mantuvieron en operación el negocio hasta los años de 1940. La panadería se llamaba “Los Catalanes”.