Las esquinas de la ciudad blanca tienen historia y una gran característica que tienen, es por ser conocidas mundialmente desde la época colonial. Hasta la fecha algunas esquinas existen, se le daba un nombre en particular por algún suceso que haya pasado o por haberse encontrado un objeto. En esta tercera parte, te traemos otra lista y te explicaremos el por qué de su respectivo nombre.

 

  • Los dos camellos (Calle 66 x 47 A Centro)

La historia dice que hermanos  portugueses de probable origen judío, Pomposo y Rodrigo Carvajal llegaron a Yucatán. Los hermanos eran comerciantes, vendían sedas y brocados al igual que practicaban el trueque con baratijas y lozas, recibían por la transacción mantas de algodón tejidas por las indias, además de que recibían cera, miel copal, añil, maderas colorantes y jarcias de henequén.

En uno de los viajes que realizaban, la nave naufragó cerca del Cabo Catoche, sobreviviendo y salvando no sólo sus vidas, sino algunas de sus mercaderías. Deciden establecerse en Mérida, pero como estaban demasiados acostumbrados a deambular, adquirieron animales para desempeñar su trabajo, cosa nada fácil en aquellos tiempos de fines del siglo XVII. Una vez que organizaron su nuevo negocio, viajaban de poblado en poblado ofreciendo sus productos y vivieron desde entonces en la esquina de la calle 66 x 47 A.

Se comenta que el Santo Oficio investigó a los hermanos por que las personas observaron que no concurrían con frecuencia a misa, aunque nunca fueron sorprendidos en delito de blasfemia. Salieron limpios después de la investigación y con esfuerzo luego de 2 años de tránsito cansado por caminos erizados, no sólo repusieron el capital que perdieron, sino que lo incrementaron.

A pesar de eso, los productores locales desconfiaban de ellos porque no les proporcionaban ninguna atención, agua u hospedaje para sus animales que sólo descansaban y bebían líquidos donde encontraran cisternas o aguadas o hasta llegar al sola de la esquina. Sus animales por consecuencia morían por el exceso de trabajo y dada a la escasez de yeguas podría desparecer su negocio, por lo que pidieron a un pariente residente de Orán, población española que tenía un gran comercio árabe y le solicitaron 20 camellos.

La tempestad hizo acto de presencia de nuevo y para su mala suerte, los camellos de los Carvajal fueron las víctimas, sólo pudieron salvar a 5, de los cuales 3 se quedaron en Santiago de Cuba bajo el poder de unos mineros que los compraron a un buen precio, llegando únicamente 2 camellos a Yucatán. De esa manera se mantuvo el negocio con la resistencia de los camellos quienes eran todo un espectáculo el verlos caminar por la calle por ser animales exóticos.

Por ese rumbo de Santiago norte, se alternaban camellos y mulas viviendo por más de 50 años, pero no tuvieron descendencia y probablemente aún existirían ejemplares de camellos en la ciudad. Por ese motivo que la vivienda de los Carvajal era conocida entre los vecinos como la casa de los dos camellos y en la actualidad se puede ver la placa en la calle 66 entre 47 A.

 

 

  • El imposible (Calle 67 x 50 Centro)

Ubicada en el cruce de las calles 67 y 50, a un costado del edificio que ocupa parte de una terminal de camiones que funciona hasta la fecha y enfrente del centro de salud. Se puede observar una placa que dice “Calle del Ymposible y Cebencio” en conmemoración de la demolición del último vestigio maya de la antigua T´hó, en pocas palabras, la limpieza definitiva del cerro que cubría un aproximado de 3 manzanas al norte donde hoy se encuentra en templo de San Cristóbal, iglesia que se edificó precisamente con esas piedras.

La labor de demolición fue considerada imposible desde Montejo como se puede ver conservada hoy en día en el interior del Olimpo en la plaza principal, a lo que prefirieron cubrirla en vez de demolerla. Era lógico celebrar la hazaña a través de una placa conmemorativa, en especial en las pocas de Lucas de Gálvez y Pérez de Valdelomar. La placa es interesante a la vista por que posee aditamentos ornamentales, una virgen tocando un clarín en actitud triunfal y levantando una corona de laurel.

En la lápida se puede leer en latín: “Fama quoque nominis ejus crescebat quotide, et per cunctorum ora volibat”, que traducido al español es: “La fama de su nombre crecía todos los días y su nombre volaba por la boca de todos”. Hay otro letrero que dice “Lapis de pariet y clamabit Habacuc” y el siguiente “en lapis iste eritvobis intestimonium”. Traducido del libro de José al cual pertenecen se lee: “He aquí esta piedra que será entre nosotros por testigo, la cual he oído todas las palabras de Jehová, que él ha hallado con nosotros y será testigo contra nosotros, porque no mirasteis a Dios”.