Las esquinas de la Ciudad Blanca tienen historia y una gran característica que tienen, es por ser conocidas mundialmente desde la época colonial. Hasta la fecha, algunas esquinas existen, se les daba un nombre en particular por algún suceso que haya pasado o por haberse encontrado un objeto. En esta sexta octava, te traemos otra lista y te explicaremos el porqué de su respectivo nombre.

– El Loro – (Calle 62 x 55 Centro)

Un relato del siglo XXI compilado por Eduardo Aznar cuenta la historia de que en este cruce de calles (llamadas entonces de “Chuburná” y “Santa Lucía”) vivían dos ancianas quienes tenían un gallo y un loro tuerto. A éste último lo consentían mucho, lo alimentaban de chocolate, frutas y otras golosinas. Cada noche antes de dormir, las ancianas repetían varias veces “buenas noches” y apagaban las velitas de sebo que estaban junto a sus hamacas. El loro hacía lo propio diciendo “buenas noches”.

Según el relato, en una ocasión el gallo arremetió contra el ave y de un picotazo le vacío el único ojo que le quedaba. El loro nunca entendió que se había quedado sin vista, y a partir de entonces y hasta su muerte, repetía sin cesar “buenas noches” una y otra vez desde la jaula junto a la ventana en la que sus dueñas lo habían colocado a partir de su ceguera. Al morir, pusieron un su lugar un loro de madera; y la gente del rumbo se acostumbró a llamar a la casa como la esquina “El loro”. Cierta o no la leyenda, dejó su nombre también una tienda de abarrotes que funcionó entre 1925 y 1935 en el predio número 467.

En tiempos más recientes, la historia más conocida de esta esquina es que en ella habitó de muy joven el compositor yucateco Augusto “Guty” Cárdenas Pinelo, en el número 515. La casa era de su abuela Doña Carmen Ituarte Vda. de Pinelo. Allí Guty ensayaba en muchas ocasiones con su amigo Carlos “Chalín” E. Cámara Zavala y también acudían los hermanos Pinelo Río. Posteriormente, la casa perteneció al Dr. Álvaro Bolio y Bolio.

– El Tívoli – (Calle 62 x 45 Centro)

Esta esquina está ubicada a unas cuadras del Barrio de Santa Ana. En los primeros años del siglo XX en el número 373 de este cruzamiento, estaba la amplia propiedad que pertenecía al Lic. D. Alvino Manzanilla Canto. Su construcción se había realizado en el siglo XIX, alrededor de 1880. Allí se instaló un establecimiento con baños públicos de duchas, regaderas y cenote, dado que al extremo sur de la finca se encontraba un río subterráneo.

El propietario del predio lo llamó desde entonces “El Tívoli” (Tívoli es una ciudad italiana que en tiempos de la antigua Roma fue muy solicitada como lugar de descanso y recreo para los habitantes del Lacio). Sin embargo, este “Tívoli” ofrecía baños en lugar de fuentes y cascadas en la entrada de la calle 45. Para llegar al cenote se bajaba por escalerillas de piedra y se encontraba rodeado por rocas de regular tamaño. Alrededor estaban las duchas en compartimientos pequeños. Según escriben los cronistas, sábados y domingos eran los días de mayor afluencia de los bañistas quienes utilizaban como “botadero” una roca de regular tamaño y altura para lanzarse. Su administrador más recordado fue don Ángel Cárdenas, quien administraba la tienda de abarrotes situada en la esquina del predio, también conocida como tienda “El Tívoli”. Hacía la segunda década del siglo, esta tienda cerró y en el mismo local, el farmacéutico don Alfredo Castellanos Gómez abrió una botica con el mismo nombre. En esta época, los baños “El Tívoli” se habían reducido únicamente al cenote.

– La Palma – (Calle 58 x 55 Centro)

Según registra Delio Moreno Bolio en su libro de 1981, “Santa Lucía, sus vecinos de hace medio siglo”, en el cruce de las calles 55 y 58 del barrio (la casa de enfrente al otro lado de la calle 55) en los años treinta, operaba la tienda de abarrotes y víveres “La Palma” que abría sus puertas en ambas calles encontradas. Su propietario el Sr. Benigno Pinzón vendía caramelos de leche o “quicos” a un centavo, envueltos en papel encerado.

– La Teja – (Calle 60 x 49 Centro)

A estos cruzamientos se le nombró “la teja” porque se presume que una de las casas de esta esquina fue la primera en tener techos de teja de barro en la ciudad.