A través de las fotografías podemos conocer lugares mágicos sin importar que estemos lejos o bien, que nos transmitan algún mensaje que nos hagan concientizar con tan solo observarlas, tal como lo hacen las fotos de Fernanda Linage, una talentosa fotógrafa con quien tuvimos la dicha de platicar sobre su carrera.

A Fernanda siempre le ha gustado la fotografía y la naturaleza, pero al ver fotografías de las revistas de National Geographic quedó sorprendida.

“Siempre estuve cerca de la naturaleza y del mar. Siempre tuve cámaras compactas, aunque la primera cámara profesional que tuve fue la Canon Rebel Xsi aproximadamente en 2008. Lógicamente, mis primeros experimentos fotográficos tuvieron como protagonista a la naturaleza”, recordó.

En su opinión, la fotografía no puede estar vacía, miles de personas toman fotos con un alto nivel de calidad, ya que cada vez hay mejores celulares y cámaras más accesibles en precio, sin embargo, el contenido es lo que más le importa. Por ello, la belleza de la naturaleza siempre la ha transportado, permitiéndole conectarse de una forma que solo puede explicar con las fotos.

Después de haber adquirido más experiencia, comenzó a fotografiar flamencos y diversas aves de la región de Yucatán. Está consciente que su tipo de fotografía es de conservación, es decir, fotografías que generan conciencia de la naturaleza o inclusive, de identidades, tradiciones, antropología o temas sociales.

Se ha especializado en Yucatán y en los flamencos, especialmente en estas aves porque le causan muchísima curiosidad, realmente le emociona todo lo que le mueve.

El mensaje que busca transmitir a los espectadores mediante sus fotografías es que la gente concientice del entorno que los rodea, de sus conexiones y que protejan, cuiden la cultura y a la naturaleza.

“Todos estamos conectados, lastimar a la naturaleza es lastimarnos a nosotros mismos”, reflexionó.

A pesar de que los flamencos no son una especie en peligro de extinción, son de consideración especial, debido a que actualmente se encuentra amenazada por los cambios climáticos, lluvias continuas e inundaciones que dañan sus nidos, sin olvidar mencionar a sus depredadores. Sumado a esto, lamentablemente algunas personas trafican con ellos o ejercen un turismo de manera irresponsable; que igualmente puede infligir daños por la fragmentación de su hábitat. De igual manera, las carreteras y caminos que atraviesan las zonas costeras y de humedales afectan a las aves y a otros animales que viven en esos ecosistemas, algunas veces usan estas vías para cruzar los humedales.

Además de fotografiar a los flamencos y a las aves, igual toma fotos de poblados, zonas arqueológicas, pueblos mágicos, retratos, etc., al importarle mucho el generar una narrativa de conciencia, identidad y conservación, no obstante, no solo se trata de una conservación a la naturaleza, sino también a la nuestra como individuos en nuestra Península, nuestros pueblos, nuestra historia y tradiciones.

Para ella, la fotografía significa todo al ocupar un lugar muy importante en su vida. Está muy contenta de haber encontrado un campo que le apasiona. Cuando agarra su cámara y comienza a tomar fotos siente que el tiempo se detiene, se conecta con el objeto fotografiado y se convierte en él. Tiene un sentimiento de alegría al saber que sus fotos logran generar ayuda, ya que no solo son fotos con resultados estéticos. Le encanta y le hace muy feliz el haber sido elegida para colaborar con biólogos y antropólogos que la buscan para trabajar con ellos en libros y proyectos de índole científico y funcional.

Por último, recomienda a quienes apenas están iniciando en el mundo de la fotografía que se entreguen a sus pasiones sin miedo, que lleven a cabo actividades que les apasionen y que no le tengan temor a nada, que comiencen desde cero y sigan su camino, aunque no sepan bien cuál es, lo importante es nunca dejar de caminar, que realicen lo que realmente aman y que sean atentos y muy constantes.

Fotografías cortesía de Fernanda Linage