Ubicada a un costado de la zona arqueológica de las Ruinas de Aké y a 20 minutos de Tixkokob, los orígenes de la Hacienda de San Lorenzo de Aké se remontan en la época de la formación de las estancias ganaderas durante los años coloniales. Por estar muy cercana a al conjunto de yacimientos arqueológicos, parte de las piedras de dichas construcciones prehispánicas se utilizaron para edificar parte de la hacienda por estar encima de una plataforma arqueológica no muy elevada que delimita la finca por el lado oeste. En el norte de la hacienda, se sitúa una pequeña iglesia la cual fue construida sobre una plataforma prehispánica.

Muchos afirman que San Lorenzo de Aké data del año de 1712, pero según un documento notarial menciona que data del año de 1810 y le perteneció a Doña Idelfonsa de Marco Bermejo. En aquellos tiempos, la finca tenía un valor de $8,933.00 reales, cifra que contemplaba el valor de las tierras y de los animales que habitaban en la finca.

Con el paso de los años, la hacienda tuvo varios propietarios hasta que en 1906 sus instalaciones fueron dañadas a causa de un incendio que sucedió. En ese mismo año, Doña Josefa de Regil de Portuhondo la compró y le anexó un manzun con una extensión de 2769 hectáreas y mandó a construir un edificio con estilo arquitectónico francés, en la que actualmente se encuentra una planta desfibradora de henequén.

En 1907 la adquirió Don Ricardo Medina Hubbe y en 1908 Doña Cleta Casares de Peón se convirtió en la propietaria.  En 1910, el inmueble henequenero fue adquirido por Don Felipe Solís y Rafael Duarte, aunque en 1933 se disolvió la sociedad civil que formaron, provocando que en 1934 la finca fuera heredara por 8 personas siendo Don Vicente Solís Aznar su dueño más destacado. En estos días, su actual propietario es el Ingeniero Andrés Solís Preciat.

La Hacienda San Lorenzo de Aké es una de las pocas haciendas en funcionamiento que siguen produciendo henequén y objetos de este recurso natural como el soskil, que en su momento dejó una gran derrama económica en Yucatán, teniendo su máximo apogeo y esplendor en la producción del considerado oro verde durante la época del auge henequenero a inicios del siglo XX. En aquel entonces, la finca contaba con sus propias monedas que los trabajadores podían cambiar por productos y alimentos.

Si quieres realizar un viaje histórico en pleno siglo XXI, puedes recorrer esta histórica hacienda con su maquinaria y ver cómo los empleados desfibran el henequén, además de visitar la cordelería, el criadero de venados y los campos donde se cosechan frutas. Incluso, en la Capilla dedicada al Santo Patrono San Lorenzo ubicada a un lado de la hacienda y que abre sus puertas únicamente los domingos, alberga a uno de los Cristos Negros que están en Yucatán.