Situada en Abalá a 40 minutos aproximadamente del Centro Histórico de Mérida y cernada al sitio arqueológico de Uxmal, se encuentra la Hacienda San Pedro Ochil que data del siglo XVII y XVIII. Al igual que las demás haciendas, alcanzó su máximo esplendor durante la época henequenera entre los siglos XIX y XX que dejaron una importante derrama económica en el Estado.

El significado de la nomenclatura “Ochil” es “el lugar del zorro” por derivarse de la palabra maya “ooch” (zorro, zarigüeya).

En los alrededores de Abalá y en los terrenos de la hacienda hay vestigios prehispánicos que pertenecieron a las antiguas comunidades mayas cuando llegaron los colonizadores a Yucatán. Probablemente, Francisco de Montejo “El Mozo” y Juan de Montejo Maldonado eran los encomenderos de esa zona.

Foto: Edificios Mayas

Durante el siglo XVII la finca criaba ganados y cultivaba maíz que en esos entonces le pertenecía a Diego de Mendoza, hermano del Capitán Íñigo de Mendoza y Magaña, dueño de la Hacienda Uayalceh y Alcalde de Mérida en 1649. Cabe recalcar que Diego también tenía como propiedad a la Hacienda de Temozón Sur. Ambos hermanos eran parientes directos de Francisco de Montejo.

Foto: Edificios Mayas

Entre los siglos XVIII y XIX se convirtió en una estancia henequenera. Aproximadamente en 1880, la familia Ponce era su propietaria que prosiguieron la producción del oro verde yucateco.

Sus edificios como la Casa de Máquinas y la Casa Principal se destacan por su estilo arquitectónico neoclásico. Su acceso principal con arco ornamentado que recibe a los visitantes es la clara muestra de la influencia que se vivía en la arquitectura durante el siglo XIX.

La Casa Principal alberga un museo que muestra algunas de las maquinas, herramientas y equipo que se utilizó. Además, exhibe archivos fotográficos, planos, maquitas y demás documentos históricos.

La hacienda ahora convertida en un parador turístico ofrece paseos en truck en sus instalaciones rodeada de vegetación endémica que resaltan la belleza del lugar. Asimismo, cuentan con un restaurante que prepara platillos de la gastronomía yucateca, y un anfiteatro diseñado por James Turrell, recinto ubicado en medio de un cenote que se puede apreciar, pero no nadar en él.