Cercana a Maxcanú y a una hora aproximadamente del Centro Historico de Mérida, se encuentra la Hacienda Santa Rosa que data entre los siglos XIX y XX. Al igual que las demás haciendas, alcanzó su máximo esplendor durante la época henequenera entre los siglos XIX y XX que dejaron una importante derrama económica en el Estado.

A lo largo de su historia, ha tenido varios dueños. El inmueble les perteneció a los hermanos José Dolores y Encarnación Guzmán, herencia que les dejó su madre en 1870. De acuerdo con un documento la familia Urcelay igual fueron sus propietarios, vendiéndola a los hermanos García Fajardo en 1889. En la chimenea de la casa de máquinas se aprecia sus iniciales junto al año de 1901. 

A pesar de que una gran mayoría de las haciendas en Yucatán se construyeron entre los siglos XVIII y XIX, las cuales primero funcionaron como estancias ganaderas y maiceras, Santa Rosa surgió directamente como finca henequenera que se construyó en dos etapas.

La primera etapa ocurrió en la primera década del siglo XX con la construcción de la Capilla, la Casa Principal que se resalta por su arquería de medio punto y las esbeltas columnas, la Casa del Encargado y las bodegas que cuentan con un estilo arquitectónico ecléctico, austera y colonial, manifestados en sus arcos, frisos y cornisas.

La segunda etapa se llevó a cabo a mediados de la segunda década del siglo ya mencionado. Se edificó la Casa de Máquinas de estilo neoclásico y renacentista que alberga la desfibradora.

Tras la promulgación las leyes agrarias a finales de la década de los años treinta, las haciendas tuvieron un declive en el raspado y producción del “oro verde” y a su vez se expropiaron parte de sus terrenos. Por este motivo, quedó abandonada por tres décadas. 

El Ing. Enrique Vales Monforte la compró, siendo propietario del inmueble hasta 1996 cuando una compañía la adquirió, restauró y habilitó como un hotel que todavía sigue funcionando. Los trabajos de restauración estuvieron a cargo del Arq. Luis Bosoms.