Perteneciente al poblado de Abalá y cercana a destinos turísticos como la Hacienda Sotuta de Peón, los cenotes de Mucuyché y la zona arqueológica de Mayapán, se encuentra la ex Hacienda Uayalceh (cuya pronunciación es “Uayalké”) construida presuntamente en 1835 y que antiguamente ésta le pertenecía al municipio de Timucuy. Alcanzó su máximo esplendor durante la época henequenera al igual que las demás haciendas que resplandecieron durante los siglos XIX y XX que dejaron una importante derrama económica en el Estado.

El probable significado de la palabra “Uayalceh” es “hay muchos venados” por derivarse de los vocablos mayas “wáak” (excesivamente) “ya´ab” (mucho) y kéej (venado).

Con información de Yucatán Pasado Glorioso y del Gobierno del Estado, esta finca gozó de una gran fama gracias a sus extensas tierras. Cuando se autorizó la venta de dichas tierras al Comandante y Capitán Iñigo de Mendoza y Magaña, encomendero de los indígenas y Regidor de Mérida entre 1652 y 1653, adquirió el nombre de Nuestra Señora de la Asunción Uayalceh. A mediados del siglo XVIII, el Sr. Alonso Peón la compró. En 1763, Alonso Manuel Peón era propietario de 10,000 hectáreas, mismas que preservó hasta 1935 cuando se convirtieron en herencia de la familia Peón por varias generaciones.

Los orígenes de Uayalceh datan del 1 de febrero de 1653, fecha en la que los indígenas Bernardino Pat (alcalde), Francisco Kuyul (gobernador), Gaspar Cocom (escribano) y Catalino Pom (regidor) junto con el defensor de la naturaleza de la localidad, Don Pedro Rosales, le pidieron una licencia al Capitán Juan Xímenez de Riviera para que pudiesen vender una parte de la maleza y tierras del sitio conocido como Uayalceh. Más tarde, Don Martín de Robles y Villafaña (Capitán General Interino de la Península y Gobernador Interino de Yucatán de 1652 a 1653) concedió la licencia de venta al Capitán Don Iñigo Mendoza y Magaña por la cifra de $50 pesos de oro común. Posteriormente, el lugar tuvo un incremento tras adquirirse otros sitios cuyas tierras le pertenecieron a la comunidad maya aledaña: Tecoh.

En 1678, Uayalceh ya era una estancia ganadera vacuna y equina en pleno crecimiento. Con base en documentos históricos de Uayalceh compilados en 3 volúmenes conformados de antiguos títulos de propiedad y diversa documentación manuscrita en castellano y en maya, la hacienda en aquella época le pertenecía al Capitán Don Andrés de Mendoza y Vargas.

Don Antonio mandó a convocar a los propietarios de las estanciHaas vecinas el 15 de abril de 1778 (en el norte: Xtogil, Sotuta, Itzincab, Lepán y Kamuchil; en el sur: Mucuyché; en el oriente: Xcanchakán; y en el poniente: Temozán, Tebacal y Calchen) con el propósito de que emprendieran en nuevas mesuras y determinaran los límites de sus tierras.

Los inmuebles de la Hacienda Uayalceh se conforman de la casa principal colonial que era una escuela rural entre 1938 y 1940. Cercana a ésta, se localizan otras edificaciones inspiradas de los conventos franciscanos con patios. Por su parte, la casa de máquinas posee una torre alta con un reloj central de estilo arquitectónico del Porfiriato, sin olvidar mencionar la capilla de estilo colonial que cuenta con un hermoso atrio porticado que adorna su fachada.

Durante los años que se produjo y desfibró el henequén en este complejo, la finca emitió sus propias monedas. En el reverso de las fichas se puede leer la inscripción “A.L. Peón” que acreditaban a esta persona como su propietario.

En la actualidad, este destino está completamente abandonado, pero esto no representa ningún impedimento para que la explores y te transportes al pasado histórico de la ex finca, siendo un escenario perfecto para tomarse fotografías. Si tienes suerte, un lugareño puede acompañarte y brindarte un recorrido y contarte un poco de la historia de la ex Hacienda Uayalceh.