Si deseas escaparte de la urbanización conocer una parte del legado histórico de Yucatán, visita alguna de las múltiples haciendas que hay en el Estado. Si en tu itinerario planeas visitar la zona arqueológica de Mayapán o los Cenotes de la Hacienda Mucuyché, a 10 minutos aproximadamente de éstas se encuentra la ex Hacienda Xcanchakán perteneciente al poblado de Tecoh, la cual es una de las tantas construcciones emblemáticas que resplandecieron durante los siglos XIX y XX que dejaron una importante derrama económica en el Estado.

El significado de la palabra Xcanchakán es “víbora de la llanura o sabana” por derivarse de los vocablos mayas “X” que se refiere a la mujer, “kaan” (víbora, serpiente), “chak´an” (llanura, sabana), aunque otra posible traducción es “cuatro llanuras o sabanas” por el vocablo “kan” (cuatro).

La capilla neoclásica de Xcanchakán construida a finales del siglo XVIII, tiene una ventana de ojo de buey, una espadaña y un reloj que se colocó que hasta la fecha resplandece en la parte alta de su tercer piso. La finca fue edificada en el siglo XIX (1840) por órdenes del Padre Meneses quien fue su primer propietario. Posteriormente, pasó a manos del Lic. Vicente Solís Rosales, luego de Vicente Solís de León y que basándose con información que se puede encontrar en internet, los herederos de la familia Solís León fueron: Andrés, José, Alfonso, Otilia, Francisco, Guadalupe, Pedro y Fernando Solís Cámara, siendo el último mencionado quien compró todas las acciones de Don Vicente Solís de León en 1914.

Durante el segundo viaje que realizó en Yucatán en 1842 el investigador estadounidense, John Lloyd Stephens, junto con el ilustrador inglés, Frederick Catherwood, visitaron varios lugares de la región yucateca, entre ellas podemos mencionar precisamente a la Hacienda Xcanchakán. John recopiló información valiosa de los sitios que recorrieron, por su parte Frederick las ilustró (incluyendo esta finca) dando como resultado “Incidentes de Viaje en Yucatán”.

En aquella época, era bastante común que los viajeros se hospedaran en las haciendas cuando todavía no había hoteles en Yucatán, por lo que ambos exploradores se alojaron en Xcanchakán. En una de las páginas del libro, John escribió lo siguiente:

“Ya casi había oscurecido cuando llegamos a la majestuosa hacienda de Xcanchakán, una de las tres mejores de Yucatán, y que contenía casi setecientas almas. La casa es tal vez una de las mejores del país, y estando a un día de viaje de la capital, y accesible por calesa [carruaje], es la residencia favorita de su venerable propietario. Toda la condición de la hacienda mostraba que a menudo estaba sujeta al ojo del maestro, y el carácter de ese maestro puede juzgarse por el hecho de que su mayordomo, el mismo que nos atendió, había estado con él veintidós años.”

Como pasó con estos sitios antes del siglo XX cuando comenzarían a trabajar con el henequén, Xcanchakán era una finca maicera, azucarera y ganadera a inicios del siglo XIX. Cabe recalcar que fue la única hacienda en recibir una de las primeras concesiones de tierras otorgadas a los conquistadores provenientes de España. Hasta antes de su llegada a estas tierras desconocidas en aquel entonces, este lugar era una de las urbes mayas de mayor magnitud por contar con más de 4,000 construcciones de piedra aledañas a la antigua ciudad maya de Mayapán que aparentemente, algunas sirvieron para construir las primeras edificaciones de la ex hacienda.

La casona principal se destaca por su edificio conformada de 3 pisos, el primero deja entrever que funcionó como un sótano, mientras que el segundo y el tercero están rodeados de arcas lobuladas en sus 2 niveles superiores, siendo única en su tipo en todo Yucatán. Su corredor con arcadas moriscas y campanario, se conectan con la residencia principal. Incluso, la hacienda tiene su propio cenote.

En el interior de los edificios hay maquinaria vieja consumida por el óxido y que hace muchos años funcionaron en aquellos años gloriosos que vivió la localidad cuando se producía el henequén. De igual manera, se aprecian rastros de una antigua fábrica de hielo, producto que se distribuía en la capital yucateca.

A una distancia relativamente corta de la hacienda, se ubica una abandonada estación ferrocarrilera de Xcanchakán construida por el Antiguo Ferrocarril de Mérida por la concesión número 28, mediante de un contrato oficializado el 27 de marzo de 1878 que concedía a Agustín del Río y a Vicente Méndez Echazarreta (ambos representando al Gobierno de Yucatán) la construcción de un ferrocarril entre Mérida y el municipio de Peto que pasaba por Ticul y Tekax. Sin embargo, más adelante la concesión se cedería a los hermanos Rudolfo y Olegario G. Cantón el 17 de enero de 1879 para que se construyera la antes mencionada vía férrea que culminó en 1900.