El Teatro Peón Contreras es una de las edificaciones más emblemáticas del Centro Histórico de Mérida, ubicada en la calle 60 entre el cruzamiento de la 57, a tan sólo dos cuadras de la Plaza Grande y a una del Parque de Santa Lucía. Actualmente es el hogar de la Orquesta Sinfónica de Yucatán donde ofrece conciertos, cuya primera presentación fue el 17 de septiembre de 1988. En este especial divididos en varias partes, te narraremos la historia de este majestuoso edificio.

  • Orígenes y primer nombre del teatro

Corría los inicios del Siglo XVII, el Ayuntamiento de Mérida recibió una donación por parte de Don Martín de Palomar antes de fallecer, la manzana céntrica conformada por las calles 57 y 59, y la de 58 y 60, donde se fundaría por disposición testamentaria el Colegio Jesuita de San Francisco Xavier que luego se convirtió en Universidad, y el templo de “El Jesús”, conocida después y que conserva su nombre hasta hoy en día, “La Iglesia de la Tercera Orden”.

En 1767 expulsaron a los jesuitas, el Gobernador de aquel entonces y capitán general de la Provincia de Yucatán, don Benito Pérez Valdelomar, vendió una parte del edificio universitario a Don Pedro José Guzmán, quien junto con Joaquín de Quijano mandaron a construir el Teatro San Carlos (primer nombre que tuvo el recinto) iniciando las labores en enero de 1806 y finalizando en octubre de 1807. Sin embargo, el teatro sufrió un incendio en 1831.

  • Su reconstrucción

Con el propósito de edificar otro coliseo, don Ignacio Quijano adquirió el terreno y en noviembre de 1831 iniciaron las jornadas de trabajo reconstructivas, dando inicio a las funciones con el teatro casi terminado. En 1834, pasó a manos de don Pedro Casares quien fue propietario por 20 años. En 1861 se concreta la venta por completo, porque en 1854 se había convenido en una primera escritura del Teatro San Carlos a la sociedad formada por Antonio Bolio, Francisco Zavala, Antonio García de Rejón y Francisco Guardamino, responsable de promover las artes escénicas entre los meridenses, desalentados por los estragos causados por la Guerra de Castas.

  • Cambio de nombre

En 1871, la sociedad se redujo a don Antonio Bolio y en una cuarta parte a don Carlos Mañé. En 1877, don Bolio quedó como el único dueño del teatro, motivo del porque el recinto se cambió su nombre al de “Teatro Bolio”, inaugurado en abril de 1878 ofreciendo una corta temporada de obras teatrales. En diciembre del mismo año, el inmueble fue adquirido por don Francisco Zavala, conocedor y erudito del teatro, aunque los periódicos “La Revista de Mérida” y “Semanario Yucateco” le sugirieron que le nombrará “Teatro Peón Contreras” en honor al poeta, médico, psiquiatra y dramaturgo yucateco quien radicaba desde su juventud en la Ciudad de México, donde sus prestigiados escenarios y obras teatrales lo consagraron entre los más destacados dramaturgos mexicanos. Dicha sugerencia fue aplaudida y aprobada por el señor Zavala y el 27 de diciembre de 1878, se le nombró al teatro como se le conoce actualmente.

Lamentablemente, Francisco Zavala fallece a finales de 1891, la heredera del teatro fue su viuda doña Adelaida Castillo. En ese mismo año, la señora Adelaida vendió el recinto y edificio vecino de 2 pisos por la cantidad de $75,000 a la Empresa Teatral de Mérida SA, integrada por Gonzalo Cámara Zavala, Emilio García Fajardo y Augusto L. Peón. Se comenzaron las labores de demolición con la finalidad de construir un teatro nuevo, no obstante, hubo muchos inconvenientes en la construcción. La Empresa Teatral de Mérida SA quebró, obtuvieron una liquidación judicial, el terreno y lo que se había construido fue rematado. Don Augusto L. Peón compró el recinto en 1906 y posteriormente vendida a la Sociedad Regil Portuondo y Compañía, salvando el proyecto y reanudaron la edificación. Oficialmente, el Teatro Peón Contreras fue inaugurado el 21 de diciembre de 1908.

  • Esquina “El Teatro”

Como dato curioso, sobre la calle 57 se encuentra hasta la fecha la placa llamada “el teatro”, una de las tantas placas que hay en las esquinas de Mérida que en la época colonial servían como punto de referencia porque la gran mayoría de la gente indígena eran analfabetas, por eso a las calles se les daba un nombre por algún suceso u objeto encontrado en dicha calle.