Por Agustín Gonzaga

La formación o creación de estos pozos naturales en las cuevas se remonta a millones de años, en la última Era del Hielo. El nivel del mar descendió y dejó la barrera de coral expuesta, misma que con el paso del tiempo se convirtió en suelo fértil para que creciera vegetación y finalmente surgiera la selva tropical. Las primeras lluvias se mezclaron con el dióxido de carbono de la atmósfera que hicieron erosionar la roca caliza. Fue así que se formaron los cenotes que, con el paso del tiempo, se convirtieron en pasajes y túneles mucho más grande, dando paso a la creación de un oasis maya de enormes sistemas de ríos subterráneos, cenotes y cavernas.

Los antiguos mayas tenían una fuerte conexión con los cenotes, ya que eran su fuente de agua, y también los consideraban la entrada al inframundo. Se ha encontrado jade, cobre, oro e incluso textiles, que los mayas daban como ofrendas a los dioses. Para los mayas, la dualidad montaña y nacimiento del agua debía ser reproducida en sus asentamientos, razón por la cual existen las pirámides, como recreación de la montaña sagrada. Los cenotes para la cultura maya desde la era Prehispánica han sido símbolo de dualidad, ya que representaban la vida y muerte. La Península de Yucatán al ser de un suelo de piedra caliza muy porosa, la existencia de lagos o lagunas ha sido casi imposible en esta zona, por lo tanto, la fuente de agua han sido los cenotes.

Es por ello que las antiguas ciudades mayas se asentaron en sus cercanías, y el control de los mismos afianzaba el poder de los gobernantes y de sus grandes urbes mayas. También creían que los dioses de la lluvia habitaban en los cenotes, es por eso que con el buceo arqueológico se han encontrado varios elementos rituales en diversas cavernas inundadas de la zona.

Así como eran símbolo de vida, los cenotes para los mayas también representaban la puerta de entrada al mundo de los muertos: el Xibalbá. Este mundo lo visualizaban más allá del agua subterránea y las cavernas eran el inicio de este camino, de igual manera se realizaban diversas ceremonias rituales, de las cuales también vestigios. El primer registro oficial de estas ceremonias está en el Popol Vuh.

Merecen una mención muy importante los Aluxes, cuidadores de la selva y los cenotes. Aún en estos días, se les dedican rituales y ofrendas, aprendidas de sus antecesores mayas, para el cuidado de las cosechas, para poder construir en determinados terrenos, y para solicitar su permiso antes de entrar a un cenote.

En la actualidad conocemos grandes arrecifes como la Gran Barrera de Coral en Australia o en el Arrecife Palancar aquí en México, los cenotes tenían una función similar a los arrecifes y esa es una de las razones por la que podemos encontrar fósiles de crustáceos y fósiles de grandes vertebrados marinos, los cenotes al igual que los actuales arrecifes servían como “guardería” a las crías de estas especies hasta que lograban crecer lo suficiente como para salir y explorar el mundo.