El domingo es sagrado para los yucatecos, el desayuno por excelencia de ese día es la cochinita pibil. La pesadilla es que se levante tarde y que ya no haya este manjar en los puestos que venden esta comida.

En las fechas de Hanal Pixán, yucateco que se respeta come su debida porción de mucbipollo o mejor conocido simplemente como “pib”. Sería un suceso trágico que no disfrute de este platillo típico porque tendría que esperar un año para poder comerlo.

El sol de Yucatán es bastante fuerte, el simple hecho de salir en pleno medio día es todo un reto, la caminata será una eternidad y el yucateco sudará al grado como si hubiera corrido un maratón, aunque sólo haya caminado una esquina y esté acostumbrado al clima.

Durante todo el año, prevalece el bendito calor, por lo que el terror de todo yucateco es que no haya frío o heladez. Apenas baja un poco la temperatura, el yucateco se abriga con todo. Para los turistas tal vez sea una agradable brisa, para los yucatecos es un frío insoportable.

Estar meciéndose en la hamaca pateando la pared con el pie, y que de la nada se reviente la soga o se salga la “s” y se aporree el bobox en el suelo.

Comer huaya con chile y limón y que le dé el famoso choknak o tirixtá.

El clima de Yucatán se caracteriza por ser muy húmedo. Cuando llueve es un gran alivio, pero ¡aguas! literalmente. Si sólo llueve por unos minutos, el piso y escarpas sacará el bochorno y en vez de refrescar a los yucatecos, ¡habrá más calor!

Que estén a altas horas de la noche y sientan el “mal de aire” que en maya es K´aak´as iik´ (káak, agarrar; iik´, aire) y se encuentren con algún huay brujo. Hasta un “uay” gritará el yucateco del susto y de una calentura no se salvará.

Estar caminando solitariamente por algún lugar oscuro y se encuentre con la tenebrosa Xtabay, la cual tratará de llevarlo a los montes.

Que un alux haga de las suyas cuando el yucateco camina en el monte. Estos seres mitológicos mayas son los encargados de proteger a la naturaleza, animales y milpas.

¿Conoces algún otro miedo?