– Che Uinic (hombre de los montes) –

Derivado de los vocablos mayas wíinik (hombre), ch´éej(monte), o che´ (árbol, madera y palo), su traducción sería “el hombre de los montes”. Es un ser maya perteneciente a la mitología del mayab donde hay muchos seres gigantescos sobrenaturales o con habilidades fuera de este mundo, y entre ellos está el che uinic. Su apariencia es parecida a un hombre, pero con gran estatura, carece de articulaciones y de algunos huesos, le es difícil levantarse cuando se cae. Por estas características fisiológicas duerme recargado en el tronco de un árbol. Por más que parezca inverosímil, sus pies están invertidos (la orientación de sus dedos es hacia la espalda), razón por la cual le es difícil caminar sin la ayuda de un tronco grueso que usa como bastón.

Su dieta consiste de carne humana. Si alguien se aleja mucho de la civilización y se pierde en los montes en altas horas de la madrugada, el che uinic aparecerá para devorar al perdido. De acuerdo a la leyenda, para salvarte del hombre de los montes es agarrar unas ramas de un árbol, bailar con éstas, hacer malabares y cantar al mismo tiempo. El ser al ver esto no podrá controlar su risa y su peso, caerá al suelo y no podrá ponerse de pie, en ese momento la persona debe huir.

– El chom –

Del maya ch´oom (zopilote), la leyenda narra que hace mucho tiempo, en Uxmal vivía un rey al quien le encantaba realizar fiestas. El gobernante tuvo la idea de hacer una fiesta dedicada a la deidad de la vida, Hunab ku. Les pidió a sus sirvientes que trajeran comida y decoraciones, la pusieron en la terraza de su palacio para que todos pudieran ver el banquete. Los criados fueron a buscar a los invitados, nadie se quedó a vigilar los alimentos. El delicioso aroma llamó la atención de los choms, volaron hacia ella y se dispusieron a devorarla hasta el último bocado.

Cuando llegaron los convidados y el rey, se llevaron la sorpresa de que ya no había nada de comida, en su lugar estaban los zopilotes que enseguida emprendieron vuelo tras ser descubiertos por su fechoría, los arqueros dispararon flechas, pero ninguna le dio a los choms. Enfurecido, el rey llamó a los sacerdotes para que les sugirieran castigos para las aves. Un sacerdote recogió algunas plumas de los zopilotes, mientras que los demás se dirigían al templo para conversar sobre el castigo. Durante la charla, uno de los religiosos agarró las plumas y las colocó en el fuego para quemarlas, éstas comenzaban a perder su color hasta agarrar un tono negro y opaco. Otro las molió hasta convertirlas en polvillo y echándola en una jarra llena de agua. El líquido por obviedad quedó en total negrura y espeso. Salieron del templo y les solicitaron a los sirvientes que pusieran vianda en el mismo lugar donde se puso la comida para la fiesta, con la intención de atraer a los zopilotes. El plan se llevó a cabo y como tenían previsto, las aves hicieron acto de presencia para comer los alimentos. Sin embargo, en esta ocasión los hombres y el rey se escondieron, apenas aterrizaron los pájaros, el gobernante salió seguido de 2 párrocos cargando un caldero repleto del agua negra, el contenido se lo lanzaron a los choms, bañándolos del caldo negro. Los zopilotes quedaron atónitos, uno de los curas les dijo que por su crimen que habían cometido, su castigo era la de perder su belleza colorida de su plumaje por sus acciones, además de que sólo comerían basura y animales muertos.

Los choms empapados, intentaron volar y escabullirse con la idea de que el sol iba a secarles sus plumas y acabar con su maldición, aunque los rayos solares secaron sus plumas, les quemaron todos sus cuerpos. Se sorprendieron al verse uno al otro, se percataron que sus distinguidos colores llamativos ahora ya era negro. Por esta razón, se dice que los zopilotes vuelan muy alto para que nadie las pueda ver y burlarse de ellas por su metamorfosis que sufrieron. El único motivo por la que bajan en la actualidad, es para alimentarse precisamente de los desperdicios.

– Balam –

Según la leyenda, un balam (jaguar en maya) observada a Dios trabajando en la creación de todo. La deidad se percató de que el animal lo observaba, así que lo llamó para que fue a buscar agua en una vasija agujereada por todas partes, para que no pudiera llenarla. El jaguar llegó a una laguna para llenar el recipiente agujereado, una rana le explicó al mamífero el cómo cubrir los orificios con lodo.

Al regresar el animal, éste ya había terminado de crear a 13 hombres, 12 armas y estaba por finalizar a un perro. El jaguar al verlo, le dijo a la divinidad que su creación a punto de terminar se veía exquisito. Apenas terminó de hablar el balam, Dios le explicó que el propósito de haber creado al perro era para servir a los hombres y las armas eran para que se diera a respetar ante los jaguares, sin embargo, continuó diciéndole que el perro se veía delicioso. Al no tener remedio, uno de los hombres por órdenes de la deidad, hirió al jaguar en una de sus patas. Obstinado, el jaguar seguía pensando lo mismo. El hombre le ordenó al perro que persiguiera al balam, éste se trepó a un árbol y fue herido otra vez por el humano. De esta manera, el jaguar aprendió a tenerle respeto a los hombres.

Otra leyenda narra que Dios se convirtió en un jaguar para poder viajar alrededor del mundo durante las noches para alcanzar el inframundo. Por eso al pelaje de este felino se le compara con la bóveda del cielo, por las manchas que son consideradas estrellas.