Además del tradicional mezcal y tequila, en Yucatán tenemos nuestras propias bebidas alcohólicas, pero de origen maya que tienen como ingredientes bases a la miel, raíces y cortezas de árboles. Conoce más sobre ellas.

– Xtabentún –

Es un licor de origen maya famosísimo en la península de Yucatán, se elabora a base de miel fermentada que las abejas polinizan en la flor del mismo nombre de la bebida, cuyo significado es “enredadera que crece en la piedra” o “gloria de la mañana”, haciendo alusión a la leyenda de la Xtabay. Además de la miel, se le agrega un poco de ron de caño y anís. Se suele beber después de la comida con hielo o natural, para que actúe como digestivo.  Su origen data desde las épocas prehispánicas, los mayas producían el Xtabentún durante las ceremonias y se le consideraba como “el néctar del amor”. Te aseguramos que, al primer sorbo de este licor vas a querer beber más y querrás llevarte algunas botellas para que tus amigos la prueben.

– Licor de henequén –

Se prepara a partir del oro verde yucateco, el henequén. Este licor tiene cierta similitud con el mezcal, inclusive muchos turistas la comparan con la bebida mencionada, aunque la gran diferencia es el sabor característico gracias a la planta endémica de Yucatán. Este líquido embriagante es originario del pueblo mágico de Izamal, produciéndolo a base del henequén. Según con la historia, a inicios del siglo XX el químico de origen francés, Charles Lassus, con el objetivo buscarles más usos a los productos elaborados de la industria henequenera, fue el primero en extraer, fermentar y destilar este licor. Es incoloro, pero tiene un alto grado de alcohol que alcanza el 38%. Comercialmente se encuentra como licor de Izamal o de Sisal. Al igual que el Xtabentún, vas a querer llevarte un par de botellas.

– Balché –

Es una bebida alcohólica tradicional maya, quizá de las bebidas que tiene mayor raíz prehispánica. Literalmente, se prepara a base de la cortezas y raíces del árbol del balché. Se combina con almíbar y agua para luego fermentarlo. Las personas que beben este licor la describen como una especie de hidromiel. Los mayas creían que la bebida les daba poderes mágicos al tomarla en las ceremonias, por eso la consideraban sagrada.

De acuerdo con las leyendas, el licor de balché se creó por la historia de amor de un joven guerrero y Sak-Nicté (flor blanca al español). Su amorío no se podía concretar del todo porque la mujer era demasiada hermosa, llamando la atención de un viejo y cruel cacique. Los enamorados al percatarse de esto y con miedo de que fueron separados, decidieron huir a la selva del Mayab para encontrar un refugio. Un día salieron a buscar alimento y hallaron un panal de abejas, extrajeron la miel y la pusieron en la corteza del árbol del balché. En la noche la lluvia hizo acto de presencia, al mezclarse la miel con el agua dio como resultado a la bebida. El cacique al enterarse de la fuga de los jóvenes, empezó a buscarlos hasta que los encontró, el joven guerrero le suplicó que dejará en paz a su amada a cambio de un delicioso banquete, el cual el señor aceptó. Le sirvieron un festín de comida y como postre, le dieron la bebida de miel. Al dar el primer sorbo, quedó maravillado y le dijo a la pareja que los iba a dejar en paz para que se amarán, con la única condición de que le dijeran la receta de lo que había tomado. A partir de eso, la miel es el ingrediente por excelencia de los licores que comenzó a degustarse en los rituales.

– Tepache –

Los orígenes del tepache (tepatli en náhuatl) son del México prehispánico, su ingrediente al inicio era el maíz. En el dialecto náhuatl a esta bebida se le llamaba “tepachoa”, cuyo significado es “prensado con una piedra o molido”, así que su traducción al español es “bebida de maíz martajado”. Muchas tribus indígenas de Jalisco, Oaxaca, Morelos, Tabasco, Sinaloa, Quintana Roo, Campeche y Yucatán, por mencionar algunas, preparaban el tepache endulzándolo con piloncillo. Centrándonos en específicamente en los mayas, hicieron cambios en la preparación y fermentación al añadirle hierbas aromáticas y cáscaras de piña. Esta combinación hizo que el tepache tuviera un sabor dulce ligeramente alcoholizada, dependiendo de la fermentación. Es bastante común ver a los vendedores de este líquido llamados tepacheros en sus triciclos y barriles donde resguardan el tepache con mucho hielo para mantenerlo fresco.