Marzo ha llegado y eso significa que le damos la bienvenida a la primavera, además de celebrar a la guayabera y al trovador el día 21 de dicho mes, poetas musicales que dejaron un legado musical con sus composiciones y letras inspiradas en la belleza de la mujer. En esta ocasión conoce un poco de la historia de Ricardo Palmerín Pavia.

Ricardo Palmerín Pavia nació el 3 de abril de 1887 en el municipio de Tekax, Yucatán. Sus padres fueron el capitán del ejército de Michoacán, Bernabé Palmerín Hernández, y su madre Feliciana Pavia Herrera, originaria del poblado donde vio por primera vez su retoño. Residió en su pueblo natal hasta 1897, cuando su familia y él se trasladaron a Mérida y con el tiempo, se mudaron a la Ciudad de México, donde Palmerín residiría gran parte de su vida. En cuanto a su formación académica, estudió medicina por un año, sin embargo, dejó la carrera para dedicarse a lo que realmente le gustaba y considerada su vocación: la música.

Su primera obra musical es “Hay una Virgen” que compuso a los 14 años, cuya letra eran de los poemas de Lord Byron. Ricardo no tomó clases de música, era un autodidacta y aprendió a tocar por su propia cuenta la guitarra, el piano y el violín. Por sus habilidades con la guitarra, por mucho tiempo se dedicó a la enseñanza de este instrumento de cuerdas y por su carácter amable y modesto, sus alumnos lo apreciaban y tuvo muchas amistades. Para poder solventarse económicamente, laboró en oficinas gubernamentales y en la capital del país, trabajaba como inspector de espectáculos y en la Secretaría de Comunicaciones, a la par que impartía lecciones musicales de guitarra. Generalmente, Palmerín portaba un traje y sombrero.

  • Composiciones y “Peregrina”

Junto con el poeta nacido en Chemax, Luis Rosado Vega, compusieron la canción “Peregrina” por encargo del Gobernador de Yucatán, Felipe Carrillo Puerto, como regalo a la periodista americana Alma Reed, corresponsal del New York Times quien estaba realizando reportajes sobre los descubrimientos de los yacimientos arqueológicos en el Estado.

El trovador reconocía que no era bueno en escribir letras de las melodías, simplemente se dedicaba a musicalizarlas, pero se tomaba el tiempo para elegir los poemas antes comenzar a musicalizarlos. Compuso boleros, valses, danzas, boleros, caprichos y bambucos, éste último fue donde mayormente se desempeñó. Entre los tantos versos que musicalizó son:

    • “Las turbias olas”, con Ermilo Padrón López, alias “Chispas”
    • “El Crucifijo”, letra escrita por Luis Rosado Vega
    • “Las dos rosas” y “Que entierren mi cuerpo”, con José Esquivel Pren
    • “Semejanzas”, con José I. Armida
    • “Cobarde”, con José Díaz Bolio

  • Deceso y reconocimientos

Ricardo Palmerín murió el 30 de enero de 1944 en la Ciudad de México, lugar donde vivía desde 1935 cuando fue invitado por el cantante y médico Alfonso Ortiz Tirado. Por su prestigio, le permitieron estar en los medios de comunicación de aquellos años, logrando un contrato en el cabaret “El retirito”. El músico regresaba a Yucatán esporádicamente, debido a que decidió vivir en el centro del país. Fue un pilar para el movimiento de la trova yucateca, ya que fue maestro del trovador Guty Cárdenas.

En conmemoración de su natalicio número 100, en 1987 se declaró el “Año de Ricardo Palmerín” en todo Yucatán. En el Parque de Santa Lucía donde se realizan los jueves de serenata, se encuentra un busto de bronce en su honor.  En el Museo de la Canción Yucateca hay una sala y estatua dedicado a su memoria. En el Monumento a los Creadores de la Canción Yucateca reposan sus restos, traídos de la Ciudad de México.

Además, existe la “Sociedad Artística Ricardo Palmerín”, organización que tiene 70 años y que busca promover, impulsar y difundir el patrimonio cultural de la entidad, cuyos propósitos son salvaguardar y divulgar la canción, honrar la memoria de los artistas y propiciar la creación melódica de sus miembros. A partir del 2014, entregan la medalla “Ricardo Palmerín” a compositores, poetas, investigadores y promotores de la canción.