Anteriormente hemos hablado de Yuri Knórozov, el ruso que descifró la escritura maya y el alfabeto de Fray Diego de Landa, considerado un gran mayista por sus aportaciones y legado que dejó, sin embargo, no fue la única persona rusa que contribuyó al sistema escrito de los mayas. Una compatriota suya a quien conoció en persona tras visitarlo, hizo lo propio al realizar contribuciones esenciales en el conocimiento de la escritura maya al demostrar que las inscripciones de Yaxchilán y Piedras Negras narraban sucesos históricos y la vida de personales reales, ya que en un principio se creía que solamente relataban temas mitológicos y descripciones del calendario. De igual manera, trabajó junto con el prestigiado mayista Sylvanus Morley. Se dedicó a reconstruir las zonas arqueológicas mayas a través de sus dibujos, por mencionar algunos destacan Chichén Itzá, Uxmal y Copán. Se trata nada más y menos que de Tatiana Avenirovna Proskouriakoff.

Tatiana Avenirovna Proskouriakoff nació el 23 de enero de 1909 en la ciudad rusa de Tomsk. Perteneciente a una familia diplomática y teniendo a una hermana mayor llamada Ksenia, su papá, Avenir Proskouriakoff, era un ingeniero químico; y su mamá, Alia Nekrassova, era una doctora. Tatiana estuvo rodeada en un ambiente intelectual exigente, probablemente eso reforzó sus habilidades, centrándose en el dibujo. Gracias a su abuelo que era maestro de ciencias naturales, surgió en ella el interés por la arqueología y comenzó a escribir diversos artículos sobre la arqueología siberiana.

Su padre se enlistó en el ejército ruso durante la Primera Guerra Mundial, para su desgracia, no lo aceptaron por padecer problemas del corazón. A pesar de esto, le asignaron el cargo de supervisor de la fabricación de armamento en Estados Unidos, ocasionando que la familia se trasladase a Filadelfia, Pensilvania. Todos los integrantes de la familia por fin pudieron reunirse en 1916, previamente no habían podido encontrarse debido a que Tatiana y su hermana se enfermaron de difteria, escarlatina y sarampión en el viaje. Después de la revolución rusa, decidieron permanecer en EUA. La madre ejercería de nueva cuenta la medicina y su padre impartiría clases de química. Tatiana volvería a la tierra que la vio nacer en solo una ocasión y era para visitar al mayista y a su compatriota, Yuri Knorozov. En 1923 obtendría la nacionalidad estadounidense.

Su formación académica fue en Lansdowne High School, algunos compañeros le decían “duquesa” como muestra de respeto por su impresionante inteligencia. Posteriormente asistiría al instituto de arquitectura de Pennsylvania State College. En 1930 se hizo acreedora del “Bachelor of Science” en Arquitectura otorgado por el “Pennsylvania State College” marcando así el final de sus estudios. Desde entonces, se convertiría en autodidacta.

Tuvo la dicha de conocer al mayista Sylvanus Morley quien había laborado para el Instituto Carnegie para la Ciencia. Sylvanus conocería los dibujos reconstructivos de la arqueóloga, se percató de las habilidades de la mujer reconociéndole el valor de su trabajo ya que éstos les ayudaría en sus investigaciones científicas. El arqueólogo hizo lo imposible para que su colega de profesión participara en sus proyectos sobre la cultura maya. Morley no contaba con el capital suficiente para pagarle a la epigrafista y ni con el permiso suficiente del Instituto de Carnegie para que la contrataran. Le solicitó a un conocido experto en marketing que consiguiera dinero a través de fondos de recaudación. Lograron su cometido, Avenirovna viajaría a Copán y a Chichén Itzá en 1938 para que realizara dibujos reconstructivos.

Su primer artículo publicado en 1944 como investigadora, abarcaba el tema de la escritura maya y la tituló “An Inscription on a Jade Probably Carved at Piedras Negras”. Su máxima aportación en la arqueología maya fue su interpretación de monumentos y los glifos de Yaxchilan y Piedras Negras que ayudaría al desciframiento de la escritura maya. Además, por 15 años trabajó en la restauración de muchas piezas de jade del Cenote Sagrado de Chichén Itzá y publicaría el análisis de dicha labor en 1974 que nombró “Jades from the Cenote of Sacrifice, Chichen Itza, Yucatan”.

El 30 de agosto de 1985 perdería la vida en Estados Unidos, dejó inconcluso el libro “Maya History” que más tarde se lanzaría al mercado en 1993 por Rosemary Austin de la Universidad de Texas. En 1998, recibió un homenaje a cargo de David Stuart e Ian Graham acompañados de un grupo de alumnos y amigos que trasladaron las cenizas de Tatiana a Piedras Negras, Guatemala, depositándolas en la Acrópolis y cubriéndolas con una modesta lápida.