El sistema escrito de los mayas está conformado por cientos de símbolos y glifos, cada uno tiene su respectivo significado. Entre uno de esas representaciones podemos mencionar al Ajaw (ahau) que significa “señor”, por este motivo a los gobernantes mayas se le asignaba esta denominación, aunque igual quiere decir “flor” al emplearse en las ofrendas dirigidas a las deidades. Con base en la astrología maya, simboliza al viajero, al guerrero y al sol por ser el proveedor de las energías universales y a la conexión entre el mundo terrestre con el espiritual. Este glifo representa al color amarillo y al punto cardinal sur. De acuerdo al calendario maya Tzolkin, el Ajaw es el veinteavo y último día de dicho sistema de días, siendo el más importante porque las tribus consideraban que los futuros reyes nacían en este día.

Adicionalmente, este símbolo posee un significado que sobrepasa a la cultura maya al estar relacionado con el destino de los seres humanos, su iluminación celestial y las energías que arriban e influyen al planeta provienen del universo. Tomando como referencia al Tzolkin, el ajaw destina las frecuencias energéticas que mueven al mundo de la Tierra, las cuales se transforman al combinarse con los otros signos zodiacales del calendario.

Entre las enseñanzas que transmite este horóscopo es saber gestionar las decepciones ocasionadas por tener grandes expectativas, motivando a que las personas diferencien entre determinación y terquedad, ya que el mundo que habitamos no es perfecto, ideología que caracterizaba a los nativos de ahau, no obstante, eso no quiere decir que no se disfrute de los pequeños detalles que conlleva tener una vida modesta.

Los nacidos bajo este signo maya tienen extraordinarias cualidades que les permiten ser soñadores y románticos, aunque se les dificulta el compromiso y, por ende, son víctimas de la decepción. Sin embargo, son amorosos con sus amigos, familiares y pareja. Si se entera que alguno de sus seres queridos le mintió o engañó, sus sentimientos sufren daños, pero son resilientes al vencer las circunstancias que lo aquejan.

Son líderes natos y decididos, atributos que les ayuda a identificarse con la realidad. Asimismo, saben cómo reproducir las energías espirituales y compartirlas o transmitirlas con sus semejantes, gracias a la sapiencia de los ancestros.

Basándose en la cosmovisión maya, los antepasados pensaban que el Ajaw era el creador y propietario del universo y de la vida al transmitir su sabiduría para que los humanos respetasen a la naturaleza, a sus habitantes y a los demás seres vivos para que convivan en un mismo lugar en el viaje llamado “vida”.

En materia de su calificativo, la palabra ajaw procede del maya clásico y de antaño, se les designaba a los gobernadores y sacerdotes mayas porque este término se descifró como un probable sinónimo de “líder, “rey”, “dirigente” y “señor”.

De acuerdo con “Yucatán en el Tiempo” que referencia al “Diccionario de Motul” escrito a finales del siglo XVI por padres pertenecientes a la Orden Franciscana durante las labores de adoctrinamiento en las comunidades indígenas, ajaw traducido al español es “monarca”, “príncipe”, “emperador”, “rey” o “gran señor”. En el caso de las mujeres, se le agregaba el prefijo “ix” para señalar su sexo.

En 1994, la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala y mayistas aprobaron y adoptaron al ajaw cuando se percataron de su presencia en las primeras interpretaciones de los códices mayas.

En el Códice de Dresde, se aprecia la simbología y logografía de este jeroglífico prehispánico que narra el sistema número, astrológico, las ceremonias religiosas, las series lunares y los ciclos venusianos, por mencionar algunos.