A finales del siglo XIX en la hoy calle 62 x 61 del Centro Histórico de Mérida donde se localiza el Centro Cultural Olimpo, antiguamente se le conocía como la esquina “El Ómnibus” porque en 1889 estuvo la primera terminal urbana de camiones de tracción animal para pasajeros, de acuerdo con información de Gonzalo Cámara Zavala en 1948. Con el tiempo, se le cambiaría el nombre a “guagua”. Sin embargo, la historia de este cruzamiento se remonta a la época colonial, enfrente del Olimpo se puede apreciar un edificio pintado en color rojo que en su momento fue la casa de los fundadores de Mérida, siendo de las primeras construcciones en la capital.

En aquellos tiempos, antes de que existiera el predio estuvo un cerro o montículo que supuestamente era un monumento prehispánico semioculto por la maleza y la erosión. Según con información del libro “La Casa de Montejo” escrito por Don Jorge Ignacio Rubio Mañé, en los primeros años coloniales se dice que se ofreció conceder un solar a quien ayudara a bajar los desniveles del terreno y emparejar la superficie, donde en la actualidad está la Plaza Principal, entre otros cerros que habían, el de mayores dimensiones era conocido como “el grande de los Kues”, centro de adoración rodeado de árboles.

El primer propietario del solar que abarcaba toda la cuadra de cuatro solares fue Alonso López de Herrera, hermano político de Francisco de Montejo, “El Adelantado”, nombrado procurador de la ciudad ante la Cortes de España el 14 de junio de 1543. Alonso mandó a remover el boscaje porque las calles seguían derechas, aunque nunca se llegó a desmontar con base en datos de 1579.

En 1611, el encomendero Juan de Argáiz incluyó en su testamento una casona situada en dicha esquina, en la cual incluso instituía un “mayorazgo” o sucesión de herencia a sus hijos mayores. La casa estuvo en posesión de varias generaciones.

En 1915 el inmueble perdería su balcón esquinero con ángulo de piedra labrada después de ser reformada. Posteriormente la compraría la familia Solís Aznar, pero a mediados del siglo XIX pasó a formar parte de las propiedades de la familia Guerra, una de las más importantes en territorio yucateco. Una de sus dueñas fue Aurora Casares de Guerra, ascendiente de la Lic. Amira Hernández Guerra de Cervera, ex Presidente y ex Magistrada del Tribunal Superior de Justicia.

A inicios del siglo XX se instaló en la planta baja el popular café “Louvre” que se hizo famoso por no cerrar “ni de día ni de noche” y por vender sándwiches de jamón y pavo que eran codiciados por los yucatecos de aquellos entonces.

Los orígenes de la cafetería datan de la década de los años 30 cuando la familia González, originarios de España, eran los dueños. Luego los socios españoles Don Felipe Gómez y Ramiro Ramírez estuvieron al mando del negocio, sus descendientes lo heredarían y administrarían hasta mediados de la década de los sesenta, pues el empresario, Capitán y Jefe de Policía en la época del mandato de Loret de Mola, Leopoldo Castro Gamboa, adquirió la edificación, preservando el nombre.

Su nomenclatura se debe en honor al prestigiado museo parisino “Louvre” y por los sándwiches artesanales que preparaban con pan francés (barras), considerados una obra de arte culinaria. El establecimiento era frecuentado por políticos, boxeadores, turistas, trovadores, poetas y toreros. Cabe recalcar que el Sr. Leopoldo era un aficionado al deporte taurino.

Actualmente, la familia sigue siendo propietaria del café, pero no de la casona, ya que ahora el Louvre cuenta con varias sucursales en diversas colonias de Mérida, mientras que el edificio frente al Olimpo alberga una tienda de comida rápida, a un restaurante-cafetería, un estacionamiento y demás comercios.

En su interior aún se conservan algunos vestigios como madera empotrada en las paredes que estaban al alcance de los choferes de las carreteras para amarrar a los cabellos después de cada viaje. En la planta alta, sitio que fungió como hogar, en su momento albergó a la Unión de Crédito Agrícola, notarias, albergue para estudiante, por mencionar algunas otras dependencias administrativas. Hoy en día está ocupada por oficinas privadas.