El cenote sagrado es un pozo natural abierto que como parte del culto al dios del agua (Chaac), los mayas prehispánicos echaban al cenote ofrendas ceremoniales que consistían inicialmente, en objetos preciosos. Mucho más tarde se introdujo la práctica de hacer sacrificios humanos. Las víctimas eran guerreros, niños y doncellas que eran arrojados al fondo del cenote. A un lado de la orilla sur se colocaron unas gradas de dos niveles, los mayas presenciaban las ceremonias. Junto a esa gradería se encuentran las ruinas de un edificio que fue adaptado como baño de vapor o temazcal, donde las víctimas eran purificadas.

La profundidad máxima del cenote sagrado es de aproximadamente 20 metros, cuyo diámetro es de 60 metros. Sus paredes rocosas se adentran a 21 metros en la tierra, hasta alcanzar el nivel del agua. Las algas y los microorganismos que hay en el líquido, así como el follaje que lo circunda, le da un color verdoso oscuro.  El cenote que fue un oráculo y sitio de peregrinaje, donde los mayas ofrendaban bienes y sacrificios humanos, para rendir adoración a las deidades del agua y del inframundo, que moraban en el interior de este acuífero y traer mensaje de los dioses. 

  • La crónica de Fray Diego de Landa sobre el Cenote Sagrado

De Landa guiado por los pobladores del lugar en su labor evangelizadora, supo que el cenote sagrado era uno de los lugares de mayor importancia en los rituales prehispánicos. Gracias a sus guías, conoció las leyendas y las joyas sumergidas en las aguas del cenote como oro, jade, piedra, bronce, entre otros.

Las primeras referencias sobre el culto se encuentran en el siglo XVI cuando Fray Diego escribió en su obra “Relación de las Cosas de Yucatán” que los antiguos pobladores tenían “el pozo de chichen Itzá en tanta veneración como nosotros a las romerías de Jerusalén y Roma y como echaban hombres vivos en sacrificio y otras cosas preciosas, creyendo que salían al tercer día, aunque nunca más aparecía. En la época de secas, los mayas llevaban a cabo peregrinaciones para propiciar la llegada de las lluvias, aunque formaran parte de grupos antagónicos. También menciona que, en ciertas festividades, se seleccionaban a niños o sirvientes para el sacrificio.

Fuente: Cenotes y Grutas de Yucatán (2017); Chichén Itzá, Tulum y Cobá (primera edición 2006 y 2ª edición enero 2009)