En una gran mayoría de las antiguas civilizaciones, las deidades o personajes importantes mantenían una estrecha relación con números. Por ejemplo, los pueblos mesoamericanos y sus dioses de sus panteones mantuvieron una importancia gigantesca con los numerales, tal como son los casos de las deidades “protectoras” o “amparadoras” de la cultura maya-quiché.

Por mencionar algunos son Ixpiyacoc e Ixmucané, hombre y mujer respectivamente que representaban al sol y la luna, quienes además recibían otras nomenclaturas: Hun-ahpu-vuch (uno-cazador-zarigüeya) y Hun-ahpuutiu (uno-cazador-coyote). En la cultura maya de la península, Hunab Ku era la máxima deidad al ser el dios solitario o el único dios.

Con respecto a la civilización azteca, destacan Ce-Técpatl (uno pedernal) cuyo nombre calendárico es Huitzilopochtli, dios y guía sanguinario, y Ce Acatl (uno caña) mejor conocido como Quetzalcóatl.

Los progenitores de Huitzilopochtli, Ometecuhtli y Omecihuatl (dos señor y dos señora, respectivamente), pertenecían a las cuatro deidades creadores de los mexicas, pareja creadora cuya historia se narra en el Popol Vuh, documento quiché.

A pesar de la diferencia de creencias, el número cuatro tiene un vínculo con la población escandinava y maya, las cuales comparten concepciones míticas similares. Los pueblos escandinavos pensaban que 4 personajes divinos, Oestro, Vestro, Nordre y Sodre (Oeste, Este, Norte y Sur) se encontraban en cada uno de los puntos cardinales, pues sostenían la bóveda celeste.

Por su parte, los mayas adoraban a cuatro bacabes llamados Chikinil, Lakinil, Xaman y Nohol, que ocupaban los mismos lugares cardinales que sus homólogos escandinavos que realizaban la misma labor al estar situados en los “lados del mundo”.

Ixpiyacoc e Ixmucane

Asimismo, los cuatro bacabes simbolizan los siguientes colores: negro (Chikinil), rojo (Lakinil), blanco (Xaman) y amarillo (Nohol).

Ya centrándonos en el número siete (Uuc, u´uk en maya), de acuerdo con la mitología mesoamericana, dicho número sigue siendo vigentes en ciertas regiones del área maya. El nexo del dios jaguar con el siete fue establecida por mayistas como Ernst Förstemann, Eduard Seler, Eric S. Thompson, Zimmermann, entre otros.

Algunos investigadores concuerdan que el origen de la divinización del siete ocurrió gracias a los movimientos del sol en el cielo. De hecho, el número 7 representaba y aún representa al dios de la fertilidad y la abundancia, Chaac.

Seler afirmaba que durante el primer día del calendario Tzolkin, Imix, los mayas bendecían 7 mazorcas que iban a ser destinadas para que fuesen semillas, dirigidas a manera de ofrenda a Yum Kaax, deidad de la agricultura y del maíz.

Por otra parte, en el quinto apartado del Chilam Balam de Chumayel titulado “El libro de los Antiguos Dioses” se menciona que “a esa hora Uuc-cheknal vino de la séptima capa del cielo. Cuando bajó, pisó las espaldas de Itzam mientras se limpiaban la tierra y el cielo. Lo anterior es una prueba muy palpable de la íntima relación entre el número siete y el Itzán Cab-Aín o monstruo de la tierra”.

De igual manera, los estudiosos comentan que el surgimiento del Juego de Pelota se debe por las creencias religiosas de los mayas relacionados con los movimientos del sol. En el contenido del Popol Vuh nos dice que “los siete Ahpú juegan a la pelota en el camino de Xibalbá; se ocupaban solamente de jugar todos los días, cuando llegaban a reunirse en la Casa del Juego”.

Los mayas pensaban que la pelota simbolizaba el movimiento del sol en los equinoccios y solsticios.  Cabe recalcar que los astrónomos mayas conocían a la perfección los movimientos de los astros y cuerpos celestes, basándose únicamente de la observación ya que no contaban con instrumentos sofisticados, conocimientos astronómicos que se pasaban de generación en generación entre la casta “sacerdotal”.

Bacabes

“El Libro de los Libros de Chilam Balam” escrito por Alfredo Barrera Vásquez y que se trata de una compilación de los distintos libros mayas integradas en la obra mencionada, cuenta con un listado referente al número siete, la cual es la siguiente:

  • Uuc Chapat o ah Uuc Chapat (serpiente fabulosa de siete cabezas)
  • Ah Ucté Chapat (serpiente fabulosa de siete cabezas)
  • Ah Uuc Chua (el siete alacrán)
  • Ah Uuceb (el siete escalera)
  • Ah Uuc Kin (el siete sol)
  • Ah Uucté Cuy (el siete tecolote)
  • Ah Uuc Tut (el siete visitador o el siete tiñoso)
  • Uuc Suhuy Sip (siete dios venado)
  • Uuc Uitzil Chac Ek (siete estrella roja de la montaña o siete gran estrella de la montaña)
  • Ah Uuc Yol Sip (el siete espíritu de Sip)
Juego de Pelota

Como dato, el sip (zip, cuyo glifo significa “conjunción roja” o “venado o cielo rojo”), tercer mes del calendario maya Haab, Fray Diego de Landa comenta que representa a la deidad de los cazadores y pescadores. En el séptimo día del sip, los antepasados realizaban rituales y tributos en honor a dicho dios.

Fuente: La deidad del jaguar y el numero 7 (Mitología y cronología maya) William Brito Sansores y Lucila Díaz Solís.

Chilam Balam
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