A hora y media de distancia Mérida y a tan solo unos metros de Chichén Itzá, se encuentra la Hacienda Chichén cuya casa principal data del siglo XVI la cual se construyó con piedras antiguas de la zona arqueológica por órdenes de la Corona Española. Al igual que las demás haciendas, alcanzó su máximo esplendor durante la época henequenera entre los siglos XIX y XX que dejaron una importante derrama económica en el Estado.

Su nomenclatura se debe a su cercanía con las ruinas mayas de Chichén Itzá, que se deriva de los vocablos mayas “chi” (boca), “che´en” (pozo), “itz” (mago o brujo) y “há” (agua) que traducido al español significa “la boca del pozo de los brujos del agua” o “la boca del pozo de los Itzáes” porque este lugar fue habitado por los mayas denominados “Itzáes” (brujos del agua) que rendían culto a este preciado líquido al hacer referencia al cenote sagrado de Xtoloc que abastecía de agua a la población.

Según la historia, este inmueble se edificó en 1523, no obstante, las versiones mencionan que cuando llegaron los colonizadores junto con Francisco de Montejo cerca de Valladolid en 1527, la tripulación y él se dirigieron a la antigua ciudad maya con el fin de edificar una de las dos fortalezas que sus superiores le encargaron. Al entablar amistad con los indígenas, edificaron una aldea conformada de chozas similares a la de los mayas con troncos y hojas de palma.

El español abandonó el asentamiento con 170 soldados, pero surgió una contienda contra los nativos, provocando la muerte de 150 hombres, los sobrevivientes abandonaron sus casas improvisadas. A pesar de una infinidad de veces de intentar conquistar Yucatán, los españoles siempre perdían hasta que, en 1540, el hijo de Francisco de Montejo, “El Mozo” estableció un campamento en San Francisco, Campeche, después una en Mérida en 1542 consiguiendo apoderarse del territorio y fundando la capital yucateca el 6 de enero del mismo año. Más adelante, envió a su sobrino a Valladolid en 1543.

Sylvanus Griswold Morley

Esta finca fue de las primeras en su tipo en establecerse en el Estado, aunque estaba en pésimas condiciones en 1847. En 1888, un explorador y arqueólogo que visitaba Chichén Itzá se percató que había sucedido una incursión en el año ya mencionado, dando como resultado su abandono. Además, observó que las edificaciones y la iglesia de la estancia ganadera estaban siendo consumidos por la maleza.

El aquel entonces Cónsul de los Estados Unidos en Yucatán, Edward Herbert Thompson, la adquirió incluyendo el sitio arqueológico en 1894. La mandó a restaurar, ya que había sido destruida durante los enfrentamientos de la Guerra de Castas que todavía seguía desarrollándose en aquellos tiempos.

Por más de 30 años, la recorrió, exploró y sustrajo joyería de cobre, oro y jade del Cenote Sagrado el cual dragó, vendiendo los preciados objetos al Museo de Peabody, siendo acusado por tráfico de reliquias por parte de las autoridades mexicanas que se apoderaron de la Hacienda Chichén en 1926, pero se le retiraron los cargos al morir, traspasando la propiedad a sus descendientes.

Sin embargo, traspasarían la hacienda a Fernando Barbachano Peón en 1944, sobrino del ex Gobernador de Yucatán, Miguel Barbachano. Don Fernando es considerado el pionero del turismo en México y el primer empresario hotelero en convertir una hacienda en un hotel. Luego de su deceso, su hija Carmen Barbachano heredó la hacienda con sus hermanos.

En la actualidad, este destino sigue funcionando como un hotel que tiene 28 habitaciones donde en su momento se alojaron arqueólogos prestigiados como Sylvanus Griswold Morley quien fue invitado por el Instituto Carnegie en 1918 para que excavara y restaurara los edificios de Chichén Itzá. Por este motivo, cada habitación tiene asignado el nombre de un arqueólogo que se hospedó. Incluso, cuenta con una de spa, un museo-galería y hermosos jardines que son los escenarios perfectos para eventos sociales y sesiones fotográficas.