A tan solo 10 minutos de distancia del Centro Histórico de Mérida y a espaldas de una plaza comercial en la Colonia Chuminópolis, se encuentra la Hacienda San Pedro Chukuaxín, mejor conocida como “La Casa de la Cristiandad”. Al igual que las demás haciendas, alcanzó su máximo esplendor durante la época henequenera entre los siglos XIX y XX que dejaron una importante derrama económica en el Estado.

Su nomenclatura hace alusión al apóstol Simon Pedro, mientras que la palabra “Chukuaxín” no se sabe con certeza su significado, pero basándonos en el “Diccionario Maya de Bolsillo Español-Maya, Maya-Español” de Ana Patricia Martínez Huchim (Q.E.P.D.) su probable significado sea “el lugar donde crece y se atrapa el guaje” al derivarse de los vocablos mayas “chuuk” (alcanzar, aprehensión, apresar, atrapar, cazar y pescar) y “uaxin, guaxin, waxim, huaxin” (guaje, planta arbórea perteneciente a la familia de las leguminosas o fabáceas cuyo nombre científico es Leucaena leucocephala).

Martin Tischler y Cordova

De acuerdo con el dato más antiguo de este sitio, data de 1605 cuando el Deán de la Catedral de Mérida, Br. Don Leonardo González de Zequeira, era el propietario al comprársela al tesorero Don Pedro Gómez, legándola en su testamento a sus sobrinos Thomé de Rúa y Baltazar Correa con la estipulación de que siguiera siendo una estancia azucarera, pues su principal giro comercial se centraba en cultivar cañas de azúcar.

En el siglo XVIII el inmueble pasó a manos de los Jesuitas, quienes más tarde serían expulsados del Estado en 1767 al cumplir el decreto del Rey Carlos III, dirigido a España y a todos sus dominios. Además de producir azúcar, cabe la posibilidad de que, durante su administración produjeron hortalizas, maíz, etc., convirtiéndola paulatinamente en una finca ganadera.

Debido a la expulsión de los padres, la hacienda quedó bajo la supervisión de las “Juntas de Temporalidades”. Tiempo después, el Seminario Tridentino se encargó de la edificación.

A inicios del siglo XIX, el aquel entonces Obispo de Yucatán, el Dr. Don Pedro Agustín Estévez y Ugarte de manera frecuente la visitaba. A finales del mismo siglo, se reconstruyó por su dueño, Don Eduardo González Gutiérrez, quien había instalado una fábrica de pólvora en la finca.

En 1902, la construcción se le regaló al Primer Arzobispo de Yucatán, Dr. Martín Tritschler y Córdova, permitiendo que el Seminario Conciliar de San Pedro se estableciera ahí. En noviembre de 1914, la finca es adquirida por el Sr. Bernardo Cano Castellanos. A través de un decreto expedido por el Gral. Salvador Alvarado en 1915, se expropió con el fin de que se estableciera una escuela de agricultura, la cual permaneció ahí hasta antes del mandato de Felipe Carrillo Puerto. No obstante, fue devuelta al albacea del testamento de Bernardo Cano.

Entre otros propietarios que ha tenido la hacienda son el hijo de Bernardo Cano, el Sr. Bernardo de J. Cano Mañé, adjudicándosela el 9 de diciembre de 1935. En mayo de 1952, el Sr. Joaquín Acevedo Ruiz del Hoyo la adquirió, fraccionándola en 4 partes en marzo de 1964, solicitando que se urbanizara al tratarse de una construcción rústica con base en el Registro Público de la Propiedad, dando surgimiento las numeraciones 96, 98, 100 y 102, respectivamente, sobre la actual calle 14 de la Chuminópolis.

Al constituirse la empresa “Impulsora Social y Cultural de Yucatán A.C.” en octubre de 1966, el Sr. Acevedo realizó aportaciones a dicho organismo. A partir de ese momento, la hacienda recibió el nombre de “La Casa de la Cristiandad”.

Acatando los intereses de la asociación ya mencionada, de nueva cuenta se subdividió dejando como resultado los predios numerados como 100 y 100-A de la Calle 14 de Chuminópolis.

Otros datos interesantes acerca de esta antigua hacienda es que posiblemente entre 1920 y 1930 funcionó como la escuela normal “Rodolfo Menéndez de la Peña”, ya que a principios de la década de los años treinta se instaló la “Casa de la Salud”, instituto que funcionaba como hospital y casa-asilo para personas de escasos recursos.

La hacienda pasó por varias etapas de restauración, sin embargo, todavía preserva su estilo arquitectónico morisca en su fachada y en sus pasillos. Hoy en día, se conserva la casa principal y la noria. En la zona posterior, se ubica una construcción relativamente moderna que alberga a una iglesia católica. En la actualidad aún es el local de la Casa de la Cristiandad.