Después del auge henequenero que se vivió entre los siglos XIX y XX en el Estado y su posterior declive, muchas haciendas quedaron abandonadas. Años más tarde, algunas resurgieron al convertirse en hoteles, restaurantes o sedes de eventos sociales que hasta la fecha siguen funcionando, mientras que otras simplemente no volvieron a resurgir, tal como son los casos de San Bernardo, San Antonio Tehuitz, Petectunich y San Antonio Cucul.

A continuación, te compartimos parte de su pasado histórico e información relevante de estos sitios que gozaron de un boom impresionante hace algunas décadas.

– Hacienda San Bernardo –

Situada entre Maxcanú y Kopomá, su nombre alude al franciscano francés San Bernardo, santo patrono del sitio cuya figurilla labrada en piedra puede apreciarse en la entrada.

Cuando estaba en función y raspaban henequén le perteneció al Sr. Miguel Peón de acuerdo con las fichas que se emitieron que lo acreditaban como dueño. En la actualidad le pertenece al Lic. Fernando Palma.

Sus bodegas están habilitadas como un museo antropológico que exhibe artefactos mayas que se encontraron en la fincha y en distintas zonas del Estado, mapas con rutas ferroviarias, al igual que carretas, calesas (una hecha por Juan Dios López, artesano y carrocero originario de Campeche) y un bolonconche fabricado por Francisco Solís a mediados de la década de los años cincuenta del siglo XX.

Hacienda San Antonio Tehuitz –

Ubicada en Kanasín, el probable significado de su nomenclatura sea “el lugar del óxido o resina) al derivarse de los vocablos mayas “te´” (allá, allí), “u” (pronombre posesivo de tercera persona del singular: su) e “iits” (óxido, resina de los árboles, goma y látex), mientras que San Antonio refiere a San Antonio de Padua.

Benito Durán la solicitó en 1574 para que se convirtiera en una estancia de ganado, vendiéndola después al párroco Andrés Rodríguez en 1600. En 1885 se registró oficialmente como una finca ganadera y maicera, pero cambiaría su giro comercial cuando el Sr. Higinio Castellano decidió convertirla en una hacienda henequenera en 1888, registrándola como de su propiedad en 1901.

En 1918 pasó a manos de la Sra. María Luisa Carrillo Medina, fusionándose con la Hacienda Santa Rita en ese mismo año. En 1920 su propietario era el Dr. Medina Avora quien la dividió en tres partes en 1923 para destinárselas a sus hijos. Sin embargo, en 1969 la cedieron al Sr. José Medina Peniche quien igualmente hizo lo propio al dividirla en la misma cantidad de partes, surgiendo así la Finca San Antonio Tehuitz, Tablaje Virginia y Tablaje señorita Rita. Tiempo después Banrural Peninsular la adquirió.

En su momento circularon monedas en sus instalaciones que tenían grabado la actividad que realizaban los trabajadores.

Entre las construcciones que permanecen son la Casa de Máquinas, la Casa Principal con su mirador, el taller y la iglesia.

– Hacienda Petectunich –

Foto: Puebleando Yucatán

Localizada en Acanceh, la posible traducción de su nombre al español es “la aureola de la estrella de piedra) por derivarse de los vocablos mayas “peet” (aureola), “eek´” (estrella) y “tuunich” (piedra, roca).

Foto: Puebleando Yucatán

Su primer dueño del que se tiene registro ante el catastro fue el Sr. Manuel Cicerol en 1912, oriundo de España, pero su familia la heredaría en 1923. Posteriormente Quintín y Delfina Canto Lara la adquirieron en 1966. Años más tarde la familia Barbachano la compró, no obstante, el Sr. Fernando Barbachano Gómez Rúl (promotor turístico de Yucatán quien igual adquiere una de las Casas Gemelas en Paseo de Montejo) quedó como único propietario en 1970.

La Casa Principal posee un pórtico neogótico y arcos góticos que la diferencia de las demás haciendas del territorio yucateco, aunado tiene arcos ojivales apoyados en columnillas, rematado en un pretil calado.

Foto: Puebleando Yucatán

La fachada de la Casa de Máquinas queda rumbo a la explanada del pueblo que alojaban la maquinaria y la zona de empaquetado. Por su parte, la Casa de los Acasillados tiene detalles decorativos como los frontoncillos y grabados de diminutos animales en relieve.

– Hacienda San Antonio Cucul –

Se localiza en la ciudad en el Fraccionamiento del mismo nombre del inmueble. Su nomenclatura es en alusión a Antonio de Padua y Cucul traducido al español significa “llevar rodando”.

Se cree que data del año de 1690. Con base en un documento de 1783, menciona que Don Joseph Méndez era su dueño. Otro documento describe de manera textual que “en junio de 1795, se concluyeron los corredores siendo dueño el Teniente Coronel Don Diego Acevedo”. En las obras se reformaron la puerta principal del corredor sur y el dintel.

En la década de los setenta del siglo XX, el Ing. Erik Rubi Ancona la obtiene, restaurándola por completo. A fines de dicho siglo, los terrenos y la Hacienda fueron declarados de manera oficial Patrimonio Cultural del Municipio de Mérida.

Su casco recibió remodelación en 2013, a cargo del Arq. Salvador Reyes, además de que otras edificaciones recibieron trabajos restaurativos como los arcos, los corrales, la noria, etc.

Actualmente, la hacienda está cerrada al público y no se renta para la realización de eventos sociales al convertirse en una residencial privada.