Las abejas meliponas o conocidas como “las abejas mayas” son aquellas que no tienen aguijón y que fueron domesticadas por la cultura maya hace muchos siglos, ya que tuvieron mucha importancia en las comunidades prehispánicas. Otro nombre que recibían era “Xunán Kab” (xunáan, señora; y kaab, miel o abeja) que traducido al español significa “La Señora Abeja” o “La Señora de la miel”.  Incluso, los antepasados veneraban a Ah Muzenkab, dios de la miel y de las abejas que las protegía al ser su patrón.

De acuerdo con las creencias antiguas, cuando una persona que tenía muchas colonias de abejas fallecía, éstas se iban a menos de que el heredero diera aviso inmediatamente sobre el deceso, pues los mayas creían que las abejas necesitaban saber quién las cuidaría. Igualmente, pensaban que, si el cultivador acudía al cementerio, no debe visitar las colonias en un lapso de 3 semanas, debido a que podía llevar la tristeza del panteón.

La miel que producían eran fuente de alimento y también tenía usos medicinales para tratar enfermedades en la nariz, oídos, gargantas, pulmones, heridas y quemaduras. Por su parte, la cera igual le dieron muchos usos en la época prehispánica que siguen siendo vigentes en la actualidad. De la cera se manufacturan velas y materiales adhesivos, de relleno y lubricante. Al ser un alimento sagrado y endulzante natural, los comerciantes realizaban trueques por sus propiedades.

Para poder obtener lo que producían las abejas meliponas, los ancestros las domesticaron en troncos llamados “jobones” donde estos insectos construían sus colmenas y almacenaban la miel que elaboraban.

¿Qué son los jobones?

Son una especie de panales que permitían a las abejas producir la miel en estas estructuras huecas huecos de madera al salir y entrar tras recolectar polen de las flores. Se colocan de manera horizontal y se tapan ambos extremos con madera o piedras redondas para extraer la miel sin complicaciones para que las abejas reorganicen su nido de forma vertical.

La nomenclatura de “jobon” se deriva de la palabra maya “hobon” que por su traducción al español quiere decir “colmena”.

¿Cómo se fabrican?

Con base en con información de “Meliponicultura: el mundo de las abejas nativas de Yucatán” escrito por Felipe A. Carrillo Magaña y publicado en 1998, el jobon varia en su tamaño. Los mayas lograron sacarle el mayor provecho a la crianza de estos insectos melíferos a través de las colmenas que generalmente median aproximadamente 55 cm de longitud, 25 cm de diámetro, teniendo un espesor mínimo de 2.5 cm, con un volumen interior aproximado de 12,000 centímetros cúbicos.

De igual manera, a los jobones se les llamaba corchos, designación que surgió durante la época colonial. Para la perforación de los troncos, se utilizaban herramientas como el X´lobohobon y el Chan bat (hacha pequeña).

Sus extremos se sellaban con tapas de madera llamados “U´mak” (u, pronombre posesivo de tercera persona del singular “su”; y maak, tapa) que posteriormente se recubrían con kancab (tierra rojiza). La utilización de esta tierra era demasiada significativa, pues se piensa que Ah Muzenkab habita Cobá (Quintana Roo) donde abunda mucha tierra roja.

El cuerpo del jobon cuenta con un orificio que permite la entrada de una abeja, en la cual se sitúa una abeja centinela llamada Balamil cab. Antiguamente, existieron algunos jobones que fueron labrados con una greca en forma de cruz católica que simbolizaba la marca de las colonias que debían cederse en tributo a los españoles y más tarde a los encomenderos de las haciendas para destinar la cera a la comunidad cristiana.

Los tipos de madera que se empleaban eran preferentemente duras como el ya’ax nik (vitex gaumeri), tsalam (Lysiloma bahamensis), jabin (piscidia communis), kitinch´e (Caesalpinia gaumeri), cedro (cedrela odorata) y pich (enterolobium cyclocarpum). Sin embargo, dependiendo de la disponibilidad de los árboles en la región se han encontrado colmenas realizadas con maderas de chaká (bursera simaruba), huano (sabal japa) y otras especies de palmas.

Para realizar un buen jobon, es necesario obtener maderas duras de árboles que tengan una vida entre 25 y 30 años de edad.