Por Agustín Gonzaga

Gracias a la fotografía, he conocido personas muy talentosas en diferentes medios. El poder trabajar o colaborar con ellos me da la oportunidad de aprender, mejorar y conocer distintos puntos de vista que puedo aplicar en mi trabajo. La pintura es un arte y un medio de expresión y comunicación al igual que la fotografía.

Hace poco más de un año conocí a una pintora yucateca muy talentosa y apasionada por su trabajo. Su talento la está posicionando como una de las mejores pintoras yucatecas y estoy seguro muy pronto de todo México.

En esta ocasión les presento a Karina Arceo para que conozcan un poco sobre ella y lo que realiza.

“¡Hola! Mi nombre es Karina Arceo, nací en Mérida Yucatán y me dedico al arte. Siempre me ha gustado mucho todo lo relacionado con las manualidades. Recuerdo que a los 7 años asistí a mis primeras clases de pintura y cursos. Sin embargo, a los 18 años entré a la Facultad de Arquitectura y dejé en pausa esa pasión.

Durante mis estudios, hice un cambio de carrera al pasar a diseño de modas, la cual terminé a los 23 años. En ese tiempo me contrataron para pintar un mural para un bebé. Al finalizar y ver el resultado, fue gratificante visualizar mi esfuerzo materializado y la felicidad que pude transmitir, inmediatamente despertó esa ilusión artística que tenía desde niña, en ese momento supe cuál era el camino que debía seguir.

Desde ese día me enfoqué en mejorar, aprender y experimentar hasta encontrar mi propio estilo que defino como ‘figurativo y expresionista’. Actualmente trabajo con óleo y acrílico, y realizo cuadros y murales. Me gusta hacer que la gente se interese más por el arte, que se den cuenta que no solo lo pueden encontrar en grandes las ciudades o en los museos importantes, puede estar en cualquier lugar, ya que es para todos. El arte no solo son manchitas sin explicación, es una manera física de expresar y transmitir, pues el arte es parte de la historia.

Nunca imaginé dedicarme a esto, nunca consideré el hecho de ser artista como un modo de vivir o como un empleo. Creo que mi amor y mi pasión por él fueron los que me llevaron a demostrarme a mí misma que sí se puede y que en el arte no hay límites.

Realizar grandes murales es un reto constante, representan una gran ilusión para el cliente y lograr fusionar nuestras ideas e interpretarlas como se espera, suele ser uno de los momentos más difíciles de mi labor, pero gracias a eso y las ganas de ir por más siempre están vivas. Al percatarme de que puedo con un trabajo de esa magnitud y ver la alegría con la que aceptan mis obras, me llenan de motivación, ahora sé que puedo con eso y que quiero más”.