En la primera parte de esta editorial conociste sobre el origen de las jaranas, las bombas y las galas, bailes folclóricos que surgieron entre los siglos XIX y XX en las festividades anuales de los poblados y haciendas yucatecas, donde se congregaban los habitantes para celebrar a los santos patronos.

En esta ocasión te explicaremos las demás danzas tradicionales de Yucatán que se realizan durante las vaquerías y en las celebraciones de los poblados que se llevan a cabo anualmente.

– Los sones de jaleo –

Con base en “Costumbres de Yucatán” escrito por Luis Pérez Sábido, menciona que hay dos tipos de sones de jaleo: el torito y el toro grande, pertenecientes a la “Miscelánea Yucateca” compuesta por José Jacinto Cuevas.

Sones de Jaleo

Los sones de jaleo simbolizan la contienda entre un toro y un torero, personificado por la mestiza e interpretado por el mestizo, respectivamente. Durante la ejecución, el torero que está bailando agarra el paliacate rojo que está la bolsa derecha de su pantalón, el cual representa al capote o capa, mientras que el toro trata de embestir elegantemente a su rival.

Sones de Jaleo

Cuando termina la interpretación, el bastonero, encargado de guiar a los bailadores, les entrega cintas moaré a las mestizas que mejor bailaron la jarana para que las luzcan en su vestimenta.

– Las suertes –

En este baile, tanto mestizos como mestizas necesitan concentración absoluta porque encima de sus cabezas se colocan una botella de vidrio, aunque generalmente se ponen una charola con 4 vasos llenos de agua y una botella de cerveza, objetos que no deben caerse, mientras que las parejas están zapateando al ritmo de la música, esbozando una sonrisa y manteniendo el equilibrio.

– La danza de las cintas –

En esta jarana yucateca, un mestizo coloca en medio de la pista de baile un palo que sujetarán, cuya punta adornada por un arreglo floral cuenta con varias cintas de colores. Posteriormente, las parejas ingresan bailando alegremente. Mientras las mestizas continúan bailando, los mestizos agarran dos cintas, una para él y la otra para su compañera.

Danza de las cintas

Este baile folclórico tiene un grado de dificultad, debido a que los participantes no deben enredar las cintas que agarraron con la de sus compañeros, mostrando sus mejores pasos y al mismo tiempo realizando diversos entrelazados y combinaciones de los listones, sin que éstos se enreden entre sí.

– La danza de la cabeza de cochino

Conocida como “Pool k’éek’en’” que traducido al español significa “cabeza de cochino” y parecida a la jarana del “torito” por su ritmo musical, pero diferente en cuanto a su ejecución, el o la danzante tiene en su cabeza una charola adornada con papeles coloridos y cintas que son sujetadas por los mestizos y las mestizas.

Danza de la Cabeza de Cochino

Adentro del cesto se pone una cabeza de cerdo que en su hocico se encuentra una mazorca de maíz. En los bailables de las escuelas o en presentaciones al público, se sustituye la cabeza del porcino por una de piñata, de utilería hecha de papel crepe, o de otros materiales, el cual se asemeja a la del cerdo.

Danza de la Cabeza de Cochino. Créditos @dgpopulares

Esta danza relacionada con las tradiciones ancestrales, en un principio se llevaba a cabo con una cabeza de un venado o cochino de monte (jabalí) con el fin de honorificar y agradecer a las deidades por haberles proveído buenas cosechas y por una excelente caza de animales silvestres para su consumo.

Ahora, la danza del cochino se realiza en los gremios anuales de los municipios en honor a sus Santos Patronos.

– Otras jaranas –

Además de las jaranas ya mencionadas, existen otras como “Las mujeres que se pintan” que se baila al ritmo de la charanga y guaracha yucateca, pieza musical que transmite alegría, sin olvidar mencionar a “El Ferrocarril”, “El Timbalero”, entre otros, como “Los Almudes” que se ejecutan encima de cajas de madera del mismo nombre de la jarana que se ponen bocabajo. Estos objetos originarios de Arabia con influencia española y utilizadas en México, los comerciantes árabes los utilizaban para medir los granos del maíz desgranados para su compra y venta.

Créditos: Rebeca Haydu