Con base en tres páginas del Códice de Madrid (Tro-Cortesiano) se aprecian imágenes que hacen referencia a las practicas funerarias de la civilización maya. En las páginas LVIII-b y LIX-b se aprecia figuras acostadas de espaldas y con los brazos cruzados reposando encima de sus pechos y con las piernas flexionadas. Cabe la posibilidad que la posición de los cuerpos referencia a los sepulcros con postes verticales que soportan una losa horizontal, el cual descansaban divinidades como los dioses de la lluvia, muerte, entre otros.

Los dibujos están acompañados de textos jeroglíficos que contienen el signo “cimí” que traducido al español significa “muerte”.

Por su parte, en las páginas CI-a l y a2 hay dos dioses sentados debajo de un árbol doblado enfrente de un cadáver amortajado.

De acuerdo con estas representaciones, dejan entrever que la antigua civilización maya realizaba rituales funerarios a sus difuntos para que pudieran llegar a Xibalbá, el inframundo maya.

A manera de ofrenda, los mayas colocaban alimentos a un lado de los cuerpos colocados en cistas. Si la persona pertenecía a una clase social alta, se rumora que se sacrificaban a mujeres y a mayordomos quienes lo acompañarían en su vieja el inframundo. Una vez que llegaba a su destino, éste se convertiría en un ancestro que mediaría a sus familiares en Xibalbá.

Durante las ceremonias funerarias se acostumbraba llenar la boca del muerto con maíz molido que serviría como su guía. Según las ancestrales creencias, los granos de la mazorca eran considerados alimentos sagrado porque a partir de éstos fue creada la humanidad.

A veces, igualmente ponían artículos personales que usaron en vida o de valor sentimental, y joyería de jade como soguillas, brazaletes, cinturones, orejeras, brazaletes, máscaras, por mencionar algunos, los cuales se grababa su nombre y su cargo que ocupó en vida. El jade representaba el color de las plantas y al crecimiento del maíz.

Cuando se dragó el Cenote Sagrado de Chichén Itzá bajo la supervisión del arqueólogo Edward H. Thompson se encontraron objetos de jade, por lo que se reafirma la teoría que los mayas sacrificaban personas en los entierros prehispánicos.

Al portar piezas hechas de jade, el finado podría arribar fácilmente al mundo de los muertos para que renaciera. Los mayas creían fervientemente en el renacimiento, no en la reencarnación, debido a que su alma renacería en otro ser de su misma especie en Xibalbá, no recordarían absolutamente nada de su anterior vida.

Normalmente, los cadáveres de personas que pertenecieron a la comunidad se enterraban en sus hogares porque en esos entonces los familiares y conocidos no concebían la idea de un cementerio como conocemos en estos tiempos, mientras que los jefes se sepultaban en los edificios de zonas arqueológicas, cuyas tumbas eran selladas.

El arqueólogo francés Ruz Lhuillier menciona que los ancestros mayas no se asustaban con la idea de morir, pues era parte de la vida. En una de sus exploraciones en Palenque, se encontró con una fosa maya adornada con bajorrelieves son simbologías del maíz y de la fertilidad, donde supuestamente estuvo enterrado una maya al que consideraban como un ser supremo.

Fuente: Costumbres funerarias de los antiguos mayas (Alberto Ruz Lhuillier)