Para muchas personas fumar es un placer, mientras que para otras representa todo lo contrario al considerarlo un hábito perjudicial y nocivo para la salud.

Independientemente de lo anterior mencionado y las evidencias científicas que confirman el daño que provocan, propiciando a que los fumadores padezcan cáncer pulmonar, advirtiéndoles con mensajes de concientización en las cajetillas, desde tiempos inmemorables fumar es considerado una actividad de estatus social, situación que hasta hoy en fecha se puede apreciar con los fumadores activos que gozan de las posibilidades económicas de adquirir habanos cuya composición es 100% tabaco, procedente de Cuba (no olvidemos que la capital de dicho país es La Habana, por ese motivo se les llama así a estos productos) o cigarrillos de marcas prestigiadas que marcan una pauta entre los consumidores del tabaco.

Pipa con la efigie de un mono. Créditos: Mediateca INAH

Sin embargo, antes de que existieran las empresas tabacaleras… ¿sabías que los mayas fabricaban y fumaban sus propios cigarrillos?

Inclusive muchos diccionarios oficiales concuerdan que la palabra “cigarro” proviene de la palabra maya “siyar” o “sik’ar” que traducido al español significa “fumar”. En el maya yucateco, k’úuts, ts’u’uts’ y chamal significan tabaco, fumar y cigarro, respectivamente.

Ilustración Maya en una Vasija de un Mono fumando

La presencia del tabaco en los códices mayas

Cuando los primeros españoles llegaron al continente americano, se percataron que las tribus prehispánicas (incluyendo la maya) disfrutaban fumar el tabaco envuelto en hojas secas de palma y/o tuzas de maíz. Cabe recalcar que para los europeos era un producto completamente desconocido en aquellos entonces.

De acuerdo con una vasija hecha de cerámica encontrada en Guatemala, contiene una fecha que data del siglo X, además se aprecia a un indígena soplando las hojas de tabaco vinculadas a una soga.  Por su parte, en el templo de Palenque, se aprecia el grabado de un sacerdote maya fumando en una pipa rústica.

Cigarro Maya en Códice de Madrid

Cabe la posibilidad de que los mayas adoptaron el gusto de fumar debido a que constantemente quemaban incienso en sus ceremonias religiosas. Con base en el Popol Vuh, el tabaco tiene presencia en este libro prehispánico que narra la creación de la humanidad por obra de los dioses desde la perspectiva de los mayas.

En uno de sus pasajes, los dioses gemelos, Hunahpú e Ixbalanqué, en su misión de derrotar a los señores de Xibalbá, el inframundo maya, en una de sus tantos obstáculos que se les presentaron en su travesía era que debían procurar que los cigarros que tenían no se apagaran, pero el ingenio de los hermanos era tan inmenso que decidieron apagarlos y utilizaron luciérnagas como lumbres, engañándolos y saliendo de la cueva con la victoria.

Cigarro Maya en Códice de Madrid

Del mismo modo, en el Códice de Tro-Cortesiano (de Madrid) cuenta con representaciones de individuos fumando objetos parecidos los cigarros.

La relación de la palabra “Cocom” con los cigarros y sus diversos significados

Con información del texto titulado “Cocom” escrito por Fray Estanislao Carrillo y publicado en años contemporáneos en el libro “Fray Estanislao y el enano de Uxmal, Escritos del primer arqueólogo yucateco”, menciona que “los del linaje de la paloma torcaz” reinaban Sotuta cuando ocurrió la conquista de Yucatán, ya que anteriormente vivían en Mayapán que posteriormente quedaría destruido a causa de las diferencias políticas que tenían con los Tutul Xiues. Los sobrevivientes se trasladarían al poblado de Sotuta.

Cigarro Maya Cocom. Ilustración: Manuel Lizama

Incluso la palabra “Cocom” que se convirtió en un apellido yucateco. También dicha palabra se refiere a una planta que posee hojas verdes y lustrosas, cuyas flores son amarillas, con las cuales los cocomes preparaban cigarros enmelados.

Según Alfredo Barrera Vásquez, dicha planta no ha sido identificada, no obstante, es curioso que existe otra planta alucinógena conocida como “Kokoyome” que se trata de una cactácea, una variedad del peyote.

Pasos de fabricación de los cigarros

En el documento que redactó, el fraile explica detalladamente los pasos para la elaboración de los cigarros que consistía en agarrar los tubérculos del cocom que reducían a porciones finas que colocaban en un comal caliente para carbonizarlas y quedaran hechas cenizas y ponerlas en una jícara u otro recipiente hondo. Luego echaban un poco de atole de camote y miel de abeja para que los componentes se mezclaran entre sí y obtuvieran un tipo de jarabe.

Una vez que obtenían el jarabe, agarraban hojas de zapote y pimienta de Tabasco, (ingrediente que solamente se utilizaba en Chichanhá), se partían a la mitad y se arroyaba cada mitad en un palito que tuviera el grosor de una pluma de pavo, asegurándolo con un fragmento de hebra de henequén y se untaba con la mezcla del jarabe en la zona gruesa, untando igualmente la zona donde se succionaba y dejándolo secar en el sol.

Una vez que se haya secado, se zafaba el palito que funcionó como molde y el hueco se llenaba de tabaco desmenuzado, doblando cuidadosamente el extremo para evitar que el contenido se esparciera, dando como resultado el cigarro conocido como Cocom.

La denominación de “nicotina”

Sergio Grosjean afirma que Francisco Hernández de Toledo se encargó de haber transportado el tabaco de la Península de Yucatán a España, mientras que Jean Nicot, el embajador de Francia en Lisboa, hizo lo propio y llevó este producto a Francia proveniente de Portugal. Le ofreció un poco del tabaco a Catalina de Médicis, esposa del rey de Francia, Enrique II.

De hecho, la nomenclatura “nicotina” se debe precisamente a Jean Nicot por haberse encargado de trasladar el tabaco a su país de origen y promoverlo con fines medicinales, por lo que el nombre científico de la planta de la cual se obtiene el tabaco es “Nicotiana tabacum”.

Jean Nicot ofreciéndole tabaco a Catalina de Medicis, esposa del rey de Francia Enrique II

Los cigarros que se vendían en la capital yucateca en los siglos XIX y XX

Enfocándonos en Mérida, en el mercado se comercializaron diversas marcas de cigarrillos que se fabricaban en la ciudad en los siglos XIX y XX. Entre las que se pueden mencionar son “La Carmencita” y “La Especial”, las cuales cerrarían y dio pie a que surgieran “La Nacional” y “La Paz” en 1884 y 1909, respectivamente.

Con base en información de Yucatán Pasado Glorioso, el establecimiento de La Paz se localizaba en la calle 61 x 52 del Centro, cuyo propietario fue don Agustín Vales Castillo. Su empresa La Fábrica Yucateca de Cigarros S.A. de C.V, fabricó las marcas yucatecas de cigarros “U-xul”, “Chacmool” y “Montejo”.

Cigarros La Carmencita

“La Nacional” creada por el obrero Gregorio Grajales, dominó el mercado tabacalero en la capital yucateca, al grado de que su homóloga “La Unión Nacional” que surgió en los portales de granos, falsificó la etiqueta de su competencia, aunque eventualmente desaparecería por no cumplir con las expectativas.

Cigarros La Nacional. Créditos: Yucatán Ancestral

Al quedar como el único productor de cigarrillos y por la alta demanda de éstos, importó máquinas francesas para incrementar su producción. Durante la existencia de su empresa, fue acreedora a varios premios internacionales como mención honorífica en un concurso de París en 1889, obtención de un premio de plata en la Panamericana de Búfalo en 1901, St. Louis Missouri en 1904 y en Yucatán y Texas obtuvo oro en 1910.

Cigarros La Paz. Créditos: Yucatán Pasado Glorioso