De acuerdo con las creencias antiguas, los antepasados realizaban un ritual llamado “Chá-chaac” (cha’a chaak) que consistía en solicitarle a Chaac, el dios maya del agua y de la lluvia, que cayeran lloviznas para que los agricultores pudieran tener buenas cosechas en los campos. Sin embargo, hay otra celebración parecida que se llama “Pa Puul” cuya traducción al español es “rompiendo vasijas”, ya que los sonidos que emiten estos recipientes al romperse se asemejan a los truenos, ayudando a que las lloviznas hagan acto de presencia.

Esta ceremonia se realiza anualmente cada 24 de junio en los poblados para solicitar lluvias a las deidades mayas con el propósito de que los hombres dedicados a los campos obtengan excelentes cosechas.

Los orígenes de este rito vinculado con el calendario maya Haab y con el ciclo del sol anual, se lleva a cabo momentos antes del amanecer cuando los niños recogen animales acuáticos como los reptiles, para luego ponerlos dentro de los cántaros, pues estos animales están conectados con el agua. Posteriormente, cuelgan las vasijas a manera de piñata y las rompen para atraer las lloviznas en las comunidades y a su vez renovar la tierra.

En el Códice de Dresde se puede apreciar simbolismos del Pa Puul, específicamente en la última página donde hay una lagartija en el cielo. En su boca emana una cascada, mientras que una diosa vierte el vital líquido de una vasija de barro hacia el planeta.

Actualmente, suele realizarse el Pa Puul en algunos municipios yucatecos, pues esta festividad ha sido transmitida en generación en generación.