El 21 de diciembre, el otoño se despide para dar bienvenida al invierno. Se cree que los mayas edificaron las complejas estructuras arqueológicas estratégicamente para recibir a las deidades y manifestarse mediante estos fenómenos astronómicos.

En Chichén Itzá se puede apreciar en “El Castillo” cuando en el costado sur y poniente queda completamente iluminado, mientras que en la zona norte y oriente queda en total obscuridad. Por su parte, en el templo de Kukulkán en Mayapán, en la alfarda de poniente repta la serpiente que es la representación de la deidad maya, donde los triángulos de luz hacen acto de presencia en los basamentos del edificio. El dios serpiente (Kukulkán) desciende en las edificaciones mayas para fertilizar las tierras y así, iniciar un nuevo ciclo de vida en esta temporada de invierno.

Durante esta fecha, el día dura menos mientras que la noche es más larga debido a que el solsticio está relacionado con la posición del sol en el Ecuador, además de que la nomenclatura que recibe proviene del latín “solstitium” que significa “sol quieto”. Estos edificios precolombinos son el claro ejemplo de que los mayas alinearon su construcción para saber con exactitud los cambios de estaciones.